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Gear S: Lo bueno y lo malo del ‘smartwatch’ con 3G de Samsung

Gear S no es el primer reloj con conectividad propia. Antes de la eclosión de los ‘smartwatches’, en 2011, ya vimos relojes de manecillas que permitían incorporar una SIM y hacer llamadas, como Burg. También se han lanzado relojes inteligentes similares a ‘smartphones’ con cobertura, como el Inwatch, en 2013. Sí que es la primera incursión en este terreno de uno de los grandes fabricantes.

Sin duda se abre un terreno interesante con este nuevo dispositivo. Samsung ha golpeado «primero» -antes al menos que Sony, Apple o LG- en un segmento que seguramente proliferará en los años venideros y que de verdad le dan valor a los ‘smartwatches’, más allá de ser la segunda pantalla del móvil. La idea es buena: que solo tengamos que llevar un dispositivo conectado encima, que nos olvidemos de llevarlo en el bolsillo, que esté cómodamente instalado en nuestra muñeca en todo momento.

GRAN DISEÑO E INDEPENDENCIA

Eso es, precisamente, lo bueno de este dispositivo. La idea de poder salir de casa y olvidar el ‘smartphone’ sin duda es atractiva. Que tengamos un reloj permanentemente conectado a Internet sin necesidad de emparejarse con otro nos permitirá recibir recordatorios del calendario, chatear o hablar desde la muñeca, estemos donde estemos. No tendremos que guardar el teléfono en el bolsillo o en el bolso y siempre estará literalmente al alcance de nuestra mano.

También resulta muy atractivo el diseño de este reloj. Sin duda es el más espectacular que ha lanzado Samsung hasta la fecha y se sitúa a la vanguardia tecnológica. La pulsera Gear Fit llamó mucho más la atención que el Gear 2 en cuanto a diseño y Samsung ha tomado buena nota de ello. La pantalla Super AMOLED curvada de 2 pulgadas del Gear S es espectacular y parece mucho más esbelto que sus hermanos sin 3G.

Por otro lado, merece la pena hablar de la opción de llamar con la muñeca. Precisamente esta es una de mis opciones favoritas de los Gear de Samsung y me ha resultado bastante útil en determinados escenarios. Funciona como un manos libres -no hace falta pegarse el reloj a la cara de forma ridícula- y por eso me ha venido muy bien para contestar llamadas cuando no tenía el móvil a mano.

Sin embargo, al funcionar, precisamente, como un manos libres, por un lado, no funciona tan bien cuando hay ruido ambiental; y, por otro, cualquiera puede escuchar nuestra conversación si estamos, por ejemplo, rodeados de gente. Me parece más una función accesoria que algo para utilizar constantemente y si en el día a día con el Gear S utilizamos un accesorio manos libres, el reloj perderá su independencia y con ello parte de su atractivo.

TIZEN, UN SISTEMA QUE ARROJA DUDAS

También está el sistema operativo. Samsung, como cabía esperar, ha apostado de nuevo por Tizen para dar vida a su nuevo ‘smartwatch’. Aunque eso conlleva dudas, resulta razonable por dos motivos:

El primero es la gran inversión que ha hecho la compañía en este sistema operativo, cuyo diseño encaja bien en el Gear S. Para empezar, tiene una interfaz (que ya hemos visto en el Gear 2) compuesta por accesos directos en la línea de cualquier ‘smartphone’ a día de hoy, lo que permite acceder cómodamente a las aplicaciones. Además, la surcoreana ha potenciado mucho la creación de ‘software’ y a día de hoy hay una oferta importante, que incluye juegos,  productividad o comunicación.

La pega del uso de Tizen es que pese a que muchos desarrolladores independientes se han subido al carro con originales y no tan originales creaciones -la tienda de apps de Gear actualmente tiene cientos de referencias-, no son esas aplicaciones las que harían de Gear S un dispositivo realmente útil. En Gear 2, el sistema ya está preparado para recibir notificaciones con contenido de cualquier aplicación desde el smartphone; para Gear S, los grandes, como Facebook, Yahoo, Google o Twitter tendrán que lanzar versiones específicas para este reloj que funcionen de forma autónoma.

Hasta que las ‘apps’ mainstream más populares estén en el ecosistema, preparadas para no necesitar un ‘smartphone’ (Tizen para Gear S incluye dictado por voz e incorpora un teclado virtual), este reloj no será realmente útil a pesar de contar con cobertura propia. De momento, ya se ha confirmado que Facebook permitirá interactuar de forma independiente en el ‘smartwatch’ y seguro que Samsung pondrá mucho empeño en que todas las aplicaciones más utilizadas estén presentes.

El otro motivo por el que tiene sentido que Samsung no haya apostado por Android Wear, la plataforma del momento en ‘smartwatches’, es que este sistema operativo está hecho por y para interactuar con un ‘smartphone’. La mayoría de las aplicaciones, la mayoría de las que se usan en el día a día (correo, Whatsapp, Facebook, etc) no se ejecutan de forma autónoma en el reloj, sino que muestran notificaciones y permiten responder, pero no explorar todos sus contenidos y crear nuevos de forma libre. Gear S con Android Wear tal y como conocemos ahora este ‘software’ no tendría mucho sentido, puesto que siempre necesitaríamos el teléfono.

UN DISPOSITIVO QUE NECESITA MICRO-USB

En último lugar, toca hablar con recelo de la batería. Al igual que el Gear 2, el Gear S cuenta con 300 mAh. Si bien es cierto que el Gear 2 ha mejorado el rendimiento con respecto a su predecesor y se acerca a los dos días, es más que probable que la antena 3G del Gear S aumente el consumo. También es cierto que la pantalla Super AMOLED, a su vez, consume menos, por lo que quizá el tema se equilibre.

Otra cuestión más preocupante es el puerto de carga. Seguramente, Samsung de nuevo obligue a utilizar un accesorio en lugar de incorporar un puerto micro-USB directamente. Eso es lo que ha hecho la compañía con todos sus Gear y en las fotos distribuidas del dispositivo, no hay rastro de puerto micro-USB. En todo caso, no es algo que se especifique en la nota de prensa y fuentes de Samsung España no me han podido aclarar este tema. Llegado el caso, me retractaría en este punto.

La ausencia de micro-USB es una de las grandes, grandísimas, pegas de todos los ‘ponibles’ de Samsung. Lo más normal es que debido al intenso uso de estos dispositivos y a que siempre los llevamos encima, la batería nos deje tirados en el peor momento y durante la jornada. No poder utilizar cualquier micro-USB -estándar que es sencillísimo encontrar en cualquier parte; un cable que casi todo el mundo tiene a mano- en cualquier momento para enchufarle un poco de energía, obliga a llevar siempre el cargador específico. De no hacerlo, estaremos el resto del día con un reloj apagado, algo que me ha pasado en numerosas ocasiones con los Gear.

A PRIMERA VISTA

La idea, sin duda, es buena y seguramente Gear S se convierta en un ‘gadget’ que atraiga mucho al consumidor más tecnológico. Esta es una de las próximas fronteras de los dispositivos móviles: que podamos llevar un objeto ponible y cotidiano como es un reloj como sustituto del móvil, con el que estar comunicados de forma cómoda siempre. Sin embargo, hay varios aspectos que arrojan sombras sobre el Gear S, como el uso de Tizen o el incómodo sistema de carga mediante accesorio. Sin embargo, si más populares aplicaciones, como Facebook, se siguen sumando al ecosistema, seguramente llegue a ser un dispositivo más útil que los ‘smartwatches’ que hemos visto hasta ahora gracias a su conectividad propia. Y quizá, aún mantengo la esperanza, Samsung se decida algún día a incorporar un puerto micro-USB en sus ponibles, como sí hacen con mejor criterio otros fabricantes.

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