Rostros humanos en lugar de contraseñas

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Muchas de las acciones que realizamos en internet requieren una contraseña, como leer el correo, comprar un billete de tren, consultar el extracto del banco o visitar algunas páginas. Al igual que en casa no instalamos una puerta de papel para evitar la entrada de extraños, para que nuestras contraseñas fueran seguras deberíamos hacer lo que casi nadie hace, es decir, crear complejas combinaciones de letras y números –con mayúsculas y minúsculas- para formar palabras que no tengan sentido en ningún idioma, cambiarlas cada mes, no poner la misma para dos sitios distintos… ¿Quién pone en práctica eso? Un porcentaje elevado de la población acaba creando contraseñas fáciles de recordar como una fecha significativa, una sucesión de números o un nombre.

Piratear sus contraseñas para un uso fraudulento resulta una tarea muy sencilla para los programas que se dedican a probar millones de posibles contraseñas y combinaciones para entrar en el ámbito de su privacidad, suplantar su personalidad y cometer algún delito. La memoria del ser humano, salvo la de algún potentado, no permite recordar cada mes 10 passwords del tipo “f5GT34jty” o “78B230CDer”. Imposible. Sin embargo, en un futuro próximo la seguridad podría quedar garantizada sin exigir a nuestro cerebro titánicos esfuerzos nemotécnicos gracias a un sistema diseñado por investigadores de la Universidad de York, en Reino Unido. Ofrecen al usuario un sistema que resulte sencillo de recordar, pero difícil de “hackear”. Bautizado como “Facelock” (Cerradura-cara, en inglés), el sistema se basa en rostros humanos en lugar de palabras.

El cerebro humano posee una gran habilidad para reconocer un rostro conocido entre cientos que no hemos visto en la vida, incluso cuando la calidad de la imagen no es la idónea. En eso se basa el sistema que los autores describen en un artículo publicado en el último número de la revista PeerJ. “Lo bueno de este sistema es que no requiere que memorices nada, no hay problema con los olvidos, pero incluso si alguien ve cómo accedes a tu cuenta con este sistema no podrá reproducirlo. El problema de los olvidos de las contraseñas es algo tan común que mucha gente busca soluciones y habrá alternativas a los clásicos passwords y números PIN en los próximos años”, asegura Rob Jenkins, investigador del departamento de Psicología de la Universidad de York.

Efectivamente, la identificación por la huella dactilar ya es una realidad y hay proyectos para usar algo tan personal como el iris del ojo, pero ambas opciones implican disponer de un hardware impensable en el ámbito doméstico.

Reconocer un rostro en concreto enmarcado en una rejilla con serie de caras anónimas es lo que garantiza el acceso al servicio o página web. Los “padres” del sistema recomiendan seleccionar una serie de rostros conocidos para el usuario que pueden ser personas públicas, pero de áreas muy concretas. Es decir, no tiene sentido elegir a Cristiano Ronaldo o a Rafa Nadal. Por ejemplo un director de orquesta, un piloto de rally o una estrella del póker, si éstas son nuestras aficiones, pueden ser personajes que conformen nuestro “Facelock”. Intentamos entrar al correo electrónico y en lugar de ver la clásica ventanita donde escribir la contraseña podremos ver una decena de caras. Para el usuario resulta una tarea trivial elegir a quien conoce entre ese elenco de seres humanos, no requiere esfuerzo alguno. Sin embargo, para cualquier otra persona el mismo panel de imágenes puede no decirle nada, pues alguien puede ser un ídolo para uno y un completo desconocido para otro. “La mejor estrategia es evitar caras que mucha gente conozca, celebridades, actores, deportistas de élite. Es mejor mezclar diferentes áreas de conocimiento muy especializado, como un músico de jazz o un pescador, no son tan familiares para otras personas”, añade Kenkins.

Natasha Martinez
Natasha Martinez

Periodista apasionada, corresponsal de TechPepper en San Francisco, amante de la tecnología y exploradora de todo lo que se mueve en Silicon Valley ,

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