Según un informe al que ha tenido acceso Bloomberg, la organización ambientalista Sierra Club ha advertido sobre el impacto ambiental que conllevará la expansión de la inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos. La construcción y operación de los nuevos centros de datos para IA está prevista que sumen 618 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono a las emisiones del sector eléctrico entre 2025 y 2030, lo que supondría un aumento del 42% respecto a los niveles actuales.
Esta cifra representa un grave retroceso, ya que equivaldría a deshacer los avances logrados durante los últimos 15 años en la reducción de gases de efecto invernadero provenientes de la generación eléctrica. El uso creciente de infraestructura demandante de energía para alimentar los modelos de IA, que requieren potentes centros de cómputo corriendo de forma continua, es el factor principal detrás de este incremento.
El impacto medioambiental de la industria tecnológica, y en concreto de la IA, ha comenzado a ser objeto de mayor escrutinio en los últimos años, a medida que la demanda por servicios inteligentes aumentan exponencialmente en todo el mundo. Aunque la IA promete grandes beneficios en medicina, comunicaciones, automatización y otros sectores, su huella de carbono plantea importantes desafíos.
Los centros de datos, que alojan y procesan la información necesaria, necesitan enormes cantidades de electricidad para funcionar y para mantener condiciones de refrigeración óptimas. En Estados Unidos, donde gran parte de la electricidad todavía proviene de combustibles fósiles, este aumento en el consumo energético implica un alza directa en las emisiones contaminantes.
Según la Sierra Club, si no se implementan medidas para limpiar la matriz energética respaldando la proliferación de fuentes renovables, y si no se optimizan los sistemas de computación para ser más eficientes en energía, las expectativas de mitigación del cambio climático serán seriamente comprometidas. La organización ambiental insiste en que el crecimiento de la IA debe estar alineado con políticas públicas y estrategias corporativas que prioricen la sostenibilidad.
En definitiva, sin una planificación adecuada, la expansión de la inteligencia artificial podría dejar una pesada factura ambiental que doblegue el progreso alcanzado durante más de una década en la lucha contra el calentamiento global.