DeepGreen Holdings, una compañía estadounidense, ha solicitado un permiso preliminar ante la Comisión Federal Reguladora de Energía (FERC) para desarrollar dos centros de datos submarinos. Estos proyectos pretenden aprovechar las condiciones del entorno marino para optimizar la eficiencia energética y la refrigeración de los sistemas informáticos. Sin embargo, la ubicación planteada se superpone con áreas vitales para dos especies de ballenas en peligro de extinción, generando preocupación entre ambientalistas y comunidades costeras.
Los centros de datos tradicionales requieren un alto consumo eléctrico y sistemas de refrigeración eficientes para mantener sus equipos operando correctamente. La idea de situar estos centros bajo el agua surge como una alternativa innovadora para reducir costes y la huella ambiental, utilizando la temperatura del océano para refrigerar servidores y aprovechar la infraestructura marítima. No obstante, la implantación de estas infraestructuras en zonas marinas sensibles amenaza seriamente los ecosistemas locales.
Según la solicitud presentada ante FERC, uno de los centros de datos se ubicará en áreas del Atlántico norte donde residen las ballenas francas del Atlántico norte y otras especies protegidas por leyes internacionales. Estos cetáceos enfrentan numerosos peligros, incluidos enredamientos en artes de pesca y el ruido submarino, lo cual afecta sus patrones migratorios y nutricionales. La instalación de estas infraestructuras podría aumentar la contaminación acústica submarina y alterar aún más su hábitat.
Por otra parte, las comunidades locales y grupos ecologistas han expresado su rechazo ante la posible construcción. Argumentan que la presencia de los centros de datos no solo podría afectar la biodiversidad marina, sino también la actividad pesquera y turística de la región, pilares económicos para muchas localidades costeras. Además, alertan sobre la falta de estudios de impacto ambiental exhaustivos que justifiquen la viabilidad del proyecto.
Expertos en conservación indican que es fundamental evaluar con rigor la interacción entre la tecnología y la naturaleza, especialmente en áreas donde especies protegidas tienen presencia crítica. En este sentido, plantean que otras ubicaciones menos sensibles o soluciones tecnológicas alternativas podrían minimizar el impacto sobre la fauna marina.
El debate sobre estos centros de datos submarinos refleja un desafío creciente en la búsqueda de innovación tecnológica sostenible: la necesidad de balancear el desarrollo y la protección ambiental. DeepGreen Holdings aún está en proceso de obtener los permisos definitivos y deberá responder a las consultas públicas y requerimientos de impacto social y ambiental emitidos por las autoridades.
En conclusión, la propuesta de centros de datos submarinos ha encendido las alarmas sobre el trato que recibe la fauna marina amenazada y la importancia de gestionar proyectos tecnológicos respetando los ecosistemas y las comunidades humanas vinculadas a ellos.