Los tres fascinantes momentos del crepúsculo: cómo y por qué se producen

El crepúsculo es ese instante único en que el cielo se tiñe de luz aún cuando el sol ya está bajo el horizonte. Existen tres fases bien definidas —crepúsculo civil, náutico y astronómico— que explican la transición progresiva del día a la noche.

El crepúsculo es ese instante mágico del día en el que el cielo se llena de una tenue luz, a pesar de que el sol ha desaparecido bajo el horizonte. Este fenómeno se debe a que la atmósfera terrestre dispersa los rayos solares, coloreando el cielo incluso cuando el sol no es visible. En contrastes con cuerpos celestes sin atmósfera, como la luna, donde el cielo se oscurece inmediatamente tras la puesta de sol, en la Tierra el paso de la luz al oscuridad es gradual y distendido.

Si pudiéramos observar el crepúsculo desde el espacio exterior, veríamos que la línea divisoria entre la luz y la sombra —conocida también como el terminador— no es una frontera nítida, sino una amplia zona donde se produce la transición progresiva hacia la noche.

Los expertos en el cielo nocturno, los astrónomos, distinguen tres fases claves del crepúsculo, cada una con características específicas: crepúsculo civil, náutico y astronómico. A continuación, te detallamos cada uno de ellos.

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Primera fase: crepúsculo civil

El crepúsculo civil comienza justo en el momento en el que el sol se oculta bajo el horizonte. De forma oficial, dura hasta que el centro del sol se encuentra 6 grados por debajo del horizonte, lo que equivale aproximadamente a la distancia de tres dedos extendidos a la distancia del brazo. Durante esta etapa, todavía hay suficiente luz natural para que la mayoría de las actividades cotidianas se puedan realizar sin necesidad de iluminación artificial, aunque pronto la gente enciende las luces de las calles y los vehículos.

El crepúsculo civil también es el momento en que los planetas más brillantes comienzan a ser visibles en el cielo. Su duración depende de la latitud y la estación del año: en latitudes medias, puede extenderse alrededor de media hora, siendo más largo en verano debido al ángulo más inclinado con el que el sol se mueve a través del horizonte. En cambio, en el ecuador, esta fase es mucho más breve, porque el sol se pone casi perpendicular al horizonte, lo que hace que desaparezca con mayor rapidez. Por otro lado, cerca de los polos, el crepúsculo civil puede prolongarse considerablemente más tiempo.

Segunda fase: crepúsculo náutico

Cuando finaliza el crepúsculo civil empieza el crepúsculo náutico, que se extiende desde que el sol está entre 6 y 12 grados bajo el horizonte. El nombre “náutico” se debe a que esta etapa marca el momento en el que ya no puede distinguirse la línea entre el mar y el cielo desde el horizonte, algo crucial para los antiguos navegantes que usaban las estrellas para orientarse. Aquí, el cielo es más oscuro y las estrellas brillantes empiezan a aparecer con mayor claridad, aunque todavía se pueden ver algunos objetos terrestres aunque con dificultad, requiriendo luces artificiales para seguir realizando actividades al aire libre.

En las zonas cercanas a los polos, el sol en verano nunca se sumerge más de 12 grados bajo el horizonte, por lo que en estas regiones el crepúsculo náutico puede persistir durante toda la noche, impidiendo que se llegue a la oscuridad total de la noche astronómica. En latitudes medias, esta etapa suele durar entre 30 minutos y 45 minutos dependiendo de la estación.

Tercera fase: crepúsculo astronómico

Finalmente, llega el crepúsculo astronómico, la fase más oscura de las tres, que corresponde a cuando el sol está entre 12 y 18 grados por debajo del horizonte. A estas alturas, el cielo es prácticamente negro para el ojo humano, y ya no se percibe ningún tipo de iluminación solar.

Este es el momento ideal para la observación astronómica, pues las estrellas más débiles, cúmulos estelares y otros objetos celestes se vuelven visibles sin interferencia de la luz diurna. En latitudes medias, el crepúsculo astronómico puede durar aproximadamente entre media hora y una hora, comenzando alrededor de una a una hora y media después de la puesta de sol. Por esa razón, los aficionados a la astronomía suelen esperar alrededor de 90 minutos tras el atardecer para empezar sus observaciones.

Imágenes que ilustran el crepúsculo

Para captar la magia del crepúsculo, numerosos fotógrafos han capturado imágenes espectaculares que muestran cómo la luz va desvaneciéndose, pintando el cielo de colores sutiles y dejando entrever planetas como Venus, Júpiter o Mercurio junto a la luna y las constelaciones. Algunas de estas fotografías provienen de lugares tan alejados como India, Wyoming o Arizona, e incluso desde la Estación Espacial Internacional, brindando perspectivas únicas de cómo la transición día-noche se manifiesta también desde el espacio.

En definitiva, el crepúsculo constituye esa frontera mágica entre la luz y la oscuridad, un fenómeno natural que nos recuerda la complejidad del movimiento celeste y el papel que la atmósfera juega en las tonalidades del cielo. Conocer sus tres fases ayuda no solo a entender mejor este proceso, sino que también resulta fundamental para actividades como la navegación, la fotografía o la astronomía.

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