En cada barrio existe esa esquina donde, el día de recogida de basura, aparece una silla de comedor coja o un sillón manchado, esperando ser llevado al vertedero o recogido por alguien. La mayoría de nosotros simplemente pasamos de largo, habituados a ver los muebles de segunda mano como un problema que resolver deprisa, no como historias que merecen ser preservadas. Contra esa actitud de desechar sin mirar atrás lleva más de una década luchando Yinka Ilori, diseñador con base en Londres.
Su reciente publicación, «Chairman», editada por ORO Editions, se centra íntegramente en el mobiliario que le dio fama: sillas recuperadas de tiendas de caridad y esquinas de calles londinenses, transformadas con colores vivos, patrones llamativos y un toque juguetón. En sus 120 páginas, el libro recorre más de diez años de trabajo a través de lo que Ilori define como recipientes de memoria, migración e identidad, tres conceptos que cobran sentido al contemplar el conjunto de su obra. Para el autor, las sillas fueron su primer amor en el diseño porque transmiten historias, hecho que resume mejor su trayectoria que cualquier ensayo curatorial.
En el hogar británico-nigeriano de Ilori, ofrecer una silla a alguien no era un acto trivial, sino una invitación a compartir vida, secretos o penas. Esta idea subyace en su trabajo, como quedó patente en su exposición de 2015 «If Chairs Could Talk», donde nombró piezas restauradas con los nombres de amigos de la infancia, algunos con éxito y otros menos afortunados. El objetivo no era comparar, sino recordar que juzgar una silla, o una persona, por su estado actual no revela su verdadera historia.
Lo fresco del enfoque de Ilori reside en su tratamiento de los muebles de segunda mano como objetos con valor y funcionalidad renovados. No se limita a revenderlos para obtener beneficio ni a exhibirlos en museos inalcanzables, sino que les asigna nuevas funciones, como incorporándoles portavelas en el respaldo o estantes para plantas en los reposabrazos, detalles originales sin caer en lo trivial.
La relación de la sociedad con el mobiliario reciclado es compleja: admiramos las transformaciones televisivas pero tendemos a reemplazar sofás con la misma facilidad que teléfonos móviles, y los objetos abandonados en la acera rara vez sobreviven mucho tiempo antes de ser definitivamente descartados. La metodología de Ilori, que parte de piezas compradas en tiendas de caridad en lugar de fabricar desde cero, plantea una forma de vivir más pausada y respetuosa con los objetos, mostrando simplemente qué ocurre cuando se observa una silla con atención antes de desecharla.
Además, «Chairman» sitúa su trabajo en un contexto más amplio de artistas y diseñadores, sin pretender que Ilori haya trabajado aislado, como suele hacerse en algunas monografías. En una sección, basada en su colección «There Is Good in All of Us», convierte asientos desechados en pequeños monumentos a las segundas oportunidades. Su evolución desde restaurar muebles modestos en 2011 hasta encargos públicos como el Colour Palace en la Dulwich Picture Gallery o la colaboración con Adidas comenzó con este trabajo artesanal y sin artificios. El libro sostiene que las sillas nunca fueron un mero ensayo para proyectos mayores, sino la historia principal desde el inicio.
Lo que más destaca es la sencillez de su concepto: Ilori no defiende que todo objeto abandonado merezca una segunda vida, sino que la mayoría ni siquiera la tienen. En un mundo del diseño obsesionado por la novedad, «Chairman» aboga por atender a lo que ya existe, a esos elementos olvidados que, quizás, aún tienen mucho por contar.