La búsqueda de vida inteligente en el universo ha centrado durante décadas la atención en señales remotas como emisiones de radio o pulsos láser, conocidos como tecnoseñales. Sin embargo, un equipo científico liderado por el Instituto SETI propone un enfoque distinto: explorar la superficie lunar en busca de fragmentos microscópicos de material tecnológico que podrían haber sido liberados por civilizaciones extraterrestres.
La Luna, privada de atmósfera y sin procesos geológicos activos, actúa como un gran «recolector» natural que durante miles de millones de años ha acumulado polvo espacial y posibles partículas procedentes de estructuras alienígenas, destruidas y erosionadas lentamente por la interacción con partículas cargadas, campos magnetizados y radiación en el espacio. Según los investigadores, esta acumulación podría contener trazas microscópicas de tecnología no terrestre que permitirían detectar evidencias físicas de civilizaciones pasadas en nuestra galaxia.
En un estudio publicado inicialmente en el servidor preprint arXiv y que está en proceso de revisión para la revista International Journal of Astrobiology, los científicos establecen un marco cuantitativo para evaluar cómo podrían haberse acumulado estas tecnoseñales microscópicas en el regolito lunar a lo largo del tiempo.
Lewis Pinault, investigador del Instituto SETI y de la Universidad de Londres, explica que si alguna civilización avanzada ha existido en nuestra galaxia, no sería descabellado suponer que restos de sus tecnologías estén esparcidos y hayan llegado a la Luna. “La Luna ha estado silenciosamente acumulando material del espacio durante miles de millones de años, parte incluso anterior a la propia formación lunar. Nuestra pregunta es si entre ese material acumulado existen partículas microscópicas de tecnologías que existieron mucho antes de que los humanos miraran al cielo”, declara el científico.
Este planteamiento se asemeja a cómo los microplásticos se diseminan por la Tierra, contaminando casi todos los ecosistemas. Igualmente, los satélites fabricados por humanos liberan partículas diminutas a causa del desgaste ambiental espacial, lo que sugiere que cualquier tecnología extraterrestre también podría haberse desintegrado en micropartículas que viajan por el espacio.
El método propuesto para detectar estos fragmentos consiste en enviar una misión espacial que recoja aproximadamente un metro cúbico de regolito lunar. El polvo recogido sería analizado en laboratorios utilizando microscopía avanzada, tomografía, espectroscopía y análisis asistidos por inteligencia artificial, todo con el fin de identificar partículas con características artificiales, distintas a las que genera la naturaleza o la actividad humana sobre la Luna.
Si bien es probable que parte del material analizado provenga de misiones humanas anteriores, los científicos advierten que hallar partículas de origen extraterrestre supondría un descubrimiento extraordinario aunque las probabilidades sean bajas debido a la inmensidad del cosmos y la dificultad de esta tarea, comparada con buscar una aguja en un pajar.
El presidente del Instituto SETI, Bill Diamond, considera que esta propuesta es “extraordinariamente original” y “científicamente razonable”, y la ve como una novedad que amplía las estrategias para buscar evidencia de vida inteligente más allá del sistema solar.
Además, se considera la posibilidad de que fragmentos microscópicos puedan ser versiones minúsculas de sondas autónomas alienígenas, conocidas en la ciencia especulativa como «sondas Bracewell» o «sondas von Neumann», capaces de replicarse y dispersarse por la galaxia, una idea que cobra relevancia ante el avance en microtecnología.
En relación con este enfoque, cabe destacar un hallazgo reciente publicado en diciembre de 2025 por científicos chinos de la Universidad de Jilin, quienes identificaron nanotubos de carbono de pared simple en muestras del lado oculto de la Luna. A diferencia de los nanotubos multilaminados de origen volcánico en la Tierra, estos resultados sugieren la existencia natural de este material en el suelo lunar, un descubrimiento que amplía el conocimiento sobre la complejidad y diversidad de la superficie lunar.
Este innovador proyecto representa un cambio significativo en la forma tradicional de buscar tecnoseñales, trasladando la atención de las observaciones remotas a la investigación directa y física del entorno lunar, un archivo potencialmente histórico de la actividad tecnológica en nuestra galaxia.
Fuentes principales del estudio incluyen el propio Instituto SETI y publicaciones recientes sobre tecnología nanotecnológica lunar, mientras la propuesta genera interés y debate entre expertos en astrobiología y exploración espacial.