Científicos revelan que Venus tuvo una luna durante casi 2.000 millones de años

Un estudio conjunto entre investigadores de Estados Unidos y Francia indica que Venus poseyó un satélite natural durante un largo periodo, hasta que su gravedad lo destruyó hace unos 2.500 millones de años.

Venus, uno de los dos únicos planetas del sistema solar que hoy carece de luna, podría haber contado con un satélite natural durante cerca de 2.000 millones de años, según una reciente investigación publicada por científicos de la Universidad de California en Riverside y la Universidad de Burdeos, en Francia.

Este equipo ha formulado la hipótesis de que Venus tuvo una luna en sus primeras etapas de formación, tras la creación del sistema solar hace aproximadamente 4.500 millones de años. A partir de detallados modelos matemáticos y simulaciones, concluyeron que este satélite pudo desaparecer hace unos 2.500 millones de años tras ser destruido gradualmente por la fuerte atracción gravitatoria del planeta.

El estudio, presentado el 2 de septiembre de 2026 en el servidor de preprints arXiv, describe un proceso en el que la gravedad de Venus, combinada con su lenta rotación —un giro completo cada 243 días—, provocó la transferencia del momento angular desde la luna hacia el planeta, acercando paulatinamente al satélite hasta llevarlo a superar el límite de Roche, situado a unos 15.000 kilómetros sobre la superficie, donde la luna se fragmentó y fue consumida.

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Según Stephen Kane, autor principal de la investigación, este fenómeno contrasta con la situación de la Luna terrestre, que se aleja lentamente de nuestro planeta debido a la dirección opuesta del intercambio de momento angular. «La luna transfiere momento angular hacia el interior en lugar de hacia el exterior, lo que conduce al colapso catastrófico de su órbita», afirma Kane.

La duración de la existencia de esta antigua luna dependería de su tamaño. Un satélite con una masa similar o la mitad de la Luna sería capaz de sobrevivir alrededor de 1.700 millones de años, mientras que uno con una masa doble podría haber sido destruido en solo 30 millones de años.

Demostrar la existencia de esta luna resulta complicado, debido a que no quedan restos visibles de ella. La mayoría de los fragmentos habrían caído a la atmósfera, desintegrándose por completo. Paul Byrne, experto de la Universidad de Washington en San Luis, señala que «es sumamente difícil comprobar esta hipótesis porque prácticamente no queda nada». Además, las duras condiciones superficiales de Venus —temperaturas extremas, atmósfera corrosiva y la actividad volcánica continua que ha renovado repetidamente el suelo— hacen improbable encontrar restos visibles en la superficie.

No obstante, los científicos mantienen la esperanza de hallar indicios en el interior del planeta mediante el análisis de ondas sísmicas que atraviesen su estructura interna, lo que podría aportar información valiosa sobre su evolución y confirmar indirectamente la presencia pasada del satélite.

Este hallazgo también abre nuevas preguntas sobre la posible habitabilidad temprana de Venus. Algunos estudios sugieren que el planeta pudo contar en un pasado remoto con condiciones más benignas, incluso océanos, antes de que un efecto invernadero descontrolado elevara las temperaturas hasta niveles insoportables. Kane plantea la hipótesis de que la destrucción de la luna pudo estar relacionada con este cambio climático drástico: «Si existió un periodo habitable temprano en Venus, la pregunta es qué lo terminó. Definitivamente podría estar vinculado al estado de invernadero desbocado del planeta».

Así, la idea de que Venus pudo tener una luna durante miles de millones de años no solo modifica nuestra comprensión de su historia, sino que también sugiere posibles vínculos entre la dinámica de sus satélites y sus condiciones ambientales. En la actualidad, aunque Venus ya no tiene luna, investigaciones recientes han detectado la presencia de anillos en su atmósfera, manifestados como patrones concéntricos en sus densas nubes, un fenómeno único entre los planetas terrestres.

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