Los astrónomos han confirmado el descubrimiento de Elias 2-24 b, un exoplaneta que establece un nuevo récord como el mundo más joven jamás detectado fuera de nuestro sistema solar. Con menos de un millón de años, esta planeta infantil orbita alrededor de una estrella situada a unos 450 años luz de la Tierra y tiene aproximadamente el doble de la masa de Júpiter.
El hallazgo fue anunciado el 16 de septiembre de 2026 y representa un avance significativo en el estudio de la formación planetaria. Elias 2-24 b aún está rodeado por el disco de gas y polvo que gira en torno a su estrella, lo que indica que continúa acumulando material y creciendo, exactamente en el proceso esperado durante las primeras etapas de vida de un planeta.
La investigación liderada por Andrea Bernardi, doctoranda en la Universidad Diego Portales de Chile, se basó en la reevaluación de observaciones archivadas del Observatorio W.M. Keck en Hawái. Los datos de siete estrellas jóvenes con discos protoplanetarios permitieron identificar a Elias 2-24 b en una prominente brecha generada dentro del disco circundante.
Estos vacíos en los discos protoplanetarios son causados por planetas en formación que, mediante su atracción gravitatoria, reúnen material a medida que incrementan su masa. La detección del planeta se produjo utilizando un coronógrafo capaz de bloquear la intensa luz de la estrella central, facilitando la observación de objetos menos brillantes en el entorno.
Previamente, el récord de juventud planetaria lo ostentaban planetas con edades que superaban los 5 millones de años, orbitando estrellas como PDS 70 y WISPIT 2. Lucas Cieza, coautor del estudio e investigador en el Instituto de Estudios Astrofísicos en Chile, destacó que modelos actuales de formación planetaria no logran explicar adecuadamente la rápida formación que implica la existencia de Elias 2-24 b, revelando así que algunas fases cruciales de esta evolución aún son desconocidas.
Hace alrededor de una década, el conjunto de radiotelescopios ALMA en Chile ya había detectado una brecha y un punto de luz en el disco de la estrella asociada a Elias 2-24 b, pero la naturaleza de ese punto no pudo confirmarse en ese momento. Gracias a nuevas búsquedas en archivos del Observatorio Keck que incluían datos de 2018 y 2020, se pudo seguir el movimiento de este objeto, confirmando que respondía a patrones orbitales propios de un planeta.
Bernardi resaltó que la combinación de datos de distintos telescopios fue clave para validar el descubrimiento, y adelantó que futuras herramientas como el telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA facilitarán la detección y estudio de planetas recién formados.
El descubrimiento de Elias 2-24 b abre una ventana para observar cómo nacen y evolucionan los planetas en las etapas más iniciales de su existencia, un campo de investigación que hasta ahora estaba limitado por las capacidades tecnológicas. Cieza señaló que estamos al comienzo de una nueva era en la que la tecnología avanzada permitirá observar la formación planetaria en tiempo real.
Además, este hallazgo se suma a descubrimientos recientes como el caso de TOI 1227 b, otro exoplaneta joven del que se sabe que está perdiendo su atmósfera de forma gradual, evidenciando la diversidad y dinámica de estos cuerpos celestes en formación.
En conjunto, estos avances permiten comprender mejor la complejidad de la evolución planetaria y proponen nuevas preguntas y modelos para explicar la rapidez y los procesos que llevan a la formación de gigantes gaseosos como Elias 2-24 b.