Diferencias cerebrales podrían explicar por qué algunos niños tienen dificultades con las matemáticas

Un estudio de la Universidad de Stanford vincula las dificultades en la resolución de problemas matemáticos en niños con discalculia al funcionamiento distinto de sus cerebros, especialmente en la adaptación y selección de estrategias.

Las dificultades para resolver problemas matemáticos en niños que padecen discalculia podrían estar relacionadas con diferencias en la actividad cerebral, según revela un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford. La discalculia es una condición del desarrollo caracterizada por una persistente dificultad para entender y trabajar con conceptos matemáticos, que afecta significativamente el rendimiento académico y la confianza de los niños.

El estudio analiza cómo los niños con discalculia enfrentan retos específicos a la hora de decidir qué estrategia emplear para resolver una operación matemática, un proceso que debería ser automático para la mayoría, pero que para estos niños implica un esfuerzo cognitivo considerable. Los investigadores observaron que la actividad neural en áreas responsables de la toma de decisiones y la adaptación de estrategias es diferente en estos niños en comparación con aquellos que no presentan esta condición.

Este descubrimiento surgió tras realizar pruebas funcionales de neuroimagen a un grupo de niños en edad escolar con y sin dificultades para las matemáticas. Los resultados indicaron que el cambio entre métodos de resolución de problemas matemáticos, una habilidad crucial para adaptarse a distintos tipos de operaciones, se ve alterado en niños con discalculia debido a patrones atípicos de activación cerebral.

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Además, el estudio destaca que estas diferencias no solo afectan la elección de estrategias sino también la capacidad de aprender de los errores y modificar el enfoque en función de los resultados anteriores. Habitualmente, los niños con discalculia tienden a persistir en métodos menos eficientes o adaptarse con menor rapidez, lo que perpetúa su dificultad para dominar habilidades matemáticas clave.

Conocer estas diferencias en el funcionamiento cerebral abre la puerta a desarrollar intervenciones educativas más personalizadas y efectivas que tengan en cuenta las particularidades neurológicas de los niños con discalculia. Por ejemplo, ejercicios diseñados para fortalecer la flexibilidad cognitiva y la capacidad de elección estratégica podrían facilitar el progreso en el aprendizaje matemático.

El equipo de Stanford enfatiza la importancia de diagnosticar y abordar la discalculia tempranamente para evitar que los niños desarrollen ansiedad y frustración asociadas a las matemáticas, lo que puede repercutir negativamente en su desarrollo educativo y emocional a largo plazo.

Este avance aporta una nueva perspectiva sobre cómo el cerebro influye en el aprendizaje y podría ayudar a docentes y profesionales de la salud a diseñar métodos más ajustados a las necesidades individuales de cada niño.

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