Durante décadas, la búsqueda de vida extraterrestre se ha centrado en detectar señales artificiales provenientes del cosmos, un esfuerzo conocido como SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence). En los últimos años, el radiotelescopio FAST (Five-hundred-meter Aperture Spherical radio Telescope) de China se ha involucrado activamente en estas investigaciones. A finales de agosto de 2026, un equipo de científicos anunció haber detectado una señal de radio intrigante en la dirección del sistema estelar K2-155, ubicado a 238 años luz de la Tierra.
Este sistema estelar cuenta con al menos un exoplaneta de tipo supertierra denominado K2-155 d, un mundo con un radio aproximadamente 1,6 veces mayor que el de nuestro planeta. Orbita una enana roja y se encuentra, en principio, dentro de la zona considerada potencialmente habitable, aunque los datos disponibles no permiten asegurar que pueda sustentar vida.
El radiotelescopio FAST detectó inicialmente esta señal en 2021, pero pasó desapercibida hasta que el equipo científico la redescubrió recientemente utilizando un avanzado algoritmo de búsqueda basado en aprendizaje automático. Este método, mediante análisis de wavelets, ayuda a filtrar el ruido y diferenciar posibles señales genuinas de interferencias terrestres.
De entre más de 139,000 señales candidatas detectadas en la encuesta de 33 sistemas planetarios, solo dos resultaron prometedoras. Una fue descartada como interferencia terrestre tras detectarse que provenía de la dirección de la estrella Kepler-438. La segunda, relacionada con K2-155, captó particularmente la atención del equipo.
La señal, captada en una frecuencia concreta de 1148,4167 megahercios, poseía características poco comunes en emisiones naturales, como su estrecho ancho de banda y un desplazamiento en frecuencia a lo largo del tiempo, fenómeno atribuible al efecto Doppler producido por la rotación y órbita del planeta receptor en torno a su estrella.
Además, la señal provenía de una única ubicación en el cielo, lo que normalmente descarta interferencias provenientes de múltiples fuentes terrestres. Sin embargo, la señal solo se detectó en un canal de polarización del radiotelescopio, y señales similares fueron identificadas en posiciones distintas y frecuencias cercanas, lo que sugiere la posible contaminación por interferencias terrestres no identificadas.
En consecuencia, aunque la señal cumple varios criterios asociados a posibles tecnologías avanzadas extraterrestres, la evidencia más sólida apunta hacia una fuente terrestre desconocida. Los científicos reconocen que aún no pueden determinar con certeza el origen del fenómeno, pero la hipótesis de un origen alienígena es actualmente menos probable.
Este hallazgo ha sido publicado en The Astronomical Journal el 27 de agosto de 2026, y constituye un ejemplo de la complejidad y dificultad que representa distinguir señales auténticas de vida tecnológica extraterrestre dentro del mar de interferencias y ruido ambiente que genera la actividad humana.
Así pues, pese a la expectativa y al interés despertado por la señal detectada en K2-155 d, la comunidad científica mantiene un escepticismo prudente hasta contar con datos más concluyentes que permitan descartar o confirmar un posible contacto con civilizaciones más allá de nuestro Sistema Solar.