La fascinación por mundos que orbitan dos soles, como el mítico Tatooine de Star Wars, se acerca un paso más a la realidad. Científicos de la Universidad de California en Riverside han presentado un estudio en el que demuestran que el sistema binario 70 Ophiuchi podría albergar un planeta con características similares a las de la Tierra en una órbita estable dentro de su zona habitable.
Situado a unos 16 años luz de nuestro planeta, 70 Ophiuchi es un sistema formado por dos estrellas algo más pequeñas y frías que nuestro Sol. Aunque hasta la fecha no se ha detectado ningún planeta orbitando estas dos estrellas, los investigadores han elaborado modelos computacionales que sugieren la viabilidad de un mundo rocoso del tamaño de la Tierra orbitando una de ellas, en una región donde podría existir agua líquida en su superficie.
El estudio, publicado en The Astrophysical Journal y revisado por pares, emplea datos acumulados durante décadas de observación para crear simulaciones dinámicas que evalúan la estabilidad orbital de planetas hipotéticos en distintas posiciones alrededor de la estrella primaria del sistema. Este enfoque ha permitido identificar trayectorias donde un planeta como la Tierra podría mantener una órbita estable sin ser expulsado o perturbado significativamente por la influencia gravitatoria de la segunda estrella.
Un sistema cercano y bien estudiado
70 Ophiuchi ha sido objeto de observación desde hace muchos años y es visible a simple vista como una estrella tenue de magnitud 4 en la constelación de Ofiuco. Esta circunstancia facilita la recopilación de datos extremadamente precisos acerca de movimientos y dinámicas del sistema. Según explica Skylar D’Angiolillo, coautor del estudio, «calculamos los límites de la zona habitable alrededor de la estrella principal y evaluamos si un planeta con masa terrestre podría conservar una órbita estable en diversas distancias dentro de esa zona».
Las simulaciones revelaron que, aunque se podría suponer que la presencia de un segundo sol perturbaría significativamente la órbita planetaria, los modelos indican que no necesariamente es así. Las órbitas estables en la zona habitable no solo son posibles, sino que ciertas configuraciones permitirían a un planeta permanecer en una trayectoria casi circular, similar a la de la Tierra, evitando ser expulsado del sistema.

El sistema solar, una excepción en la galaxia
A diferencia de nuestro Sol, que orbita en solitario, la mayoría de las estrellas de tipo solar de la Vía Láctea presentan uno o varios compañeros estelares. Se estima que el 85% de estas estrellas forman sistemas binarios o múltiples. Esto convierte al sistema 70 Ophiuchi en un candidato ideal para explorar la posibilidad de planetas habitables en sistemas con más de una estrella.
Stephen Kane, otro de los autores del estudio, subraya la importancia de no limitar la búsqueda de vida a sistemas solares similares al nuestro: «La idea de tener un segundo Sol puede parecer exótica, pero necesitamos contemplar mundos habitables que no necesariamente se parezcan a nuestro vecindario cósmico».
Este tipo de investigaciones preliminares son clave para futuras misiones espaciales, como la Habitable Worlds Observatory de la NASA, prevista para la década de 2040. Conocer la dinámica y las condiciones en sistemas binarios ayudará a afinar objetivos y técnicas para detectar exoplanetas potencialmente habitables.
D’Angiolillo destaca que este es solo el primer paso: «Es importante preguntarnos si un sistema puede alojar un planeta habitable antes de intentar observarlo directamente. Este tipo de análisis dinámico será fundamental para seleccionar los mejores objetivos a explorar con futuras tecnologías». Mientras tanto, Kane se muestra optimista ante la posibilidad de descubrir un planeta terrestre en 70 Ophiuchi incluso antes del lanzamiento de esta misión: «Nunca se sabe, podríamos identificar un planeta del tamaño de la Tierra en la zona habitable que hemos predicho».

En resumen, el estudio aporta nuevas perspectivas alentadoras sobre la existencia de planetas con condiciones habitables alrededor de sistemas estelares binarios próximos. Esto abre la puerta a ampliar el horizonte de búsquedas de vida extraterrestre y rethinkar conceptos tradicionalmente centrados en sistemas solares individuales como el nuestro.