Los agujeros negros supermasivos podrían albergar millones de planetas, según nuevas simulaciones

Un estudio reciente plantea que los discos de acreción alrededor de agujeros negros supermasivos activos podrían ser lugares propicios para la formación de planetas, incluso más masivos que Júpiter, desafiando nuestra concepción tradicional sobre estos misteriosos objetos cósmicos.

Los agujeros negros suelen ser asociados a un entorno hostil y violento, inhóspito para la formación de cuerpos celestes. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en junio de 2026 en The Astrophysical Journal supera esta idea al revelar que podrían formarse planetas alrededor de los agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de la mayoría de las grandes galaxias.

Los investigadores Bhupendra Mishra y Wladimir Lyra presentaron esta sorprendente hipótesis durante una retransmisión en directo del SETI Institute el 21 de septiembre de 2026. Según sus simulaciones, en las regiones externas más frías y polvorientas del disco de acreción —una estructura de gas y polvo que gira velozmente en torno al agujero negro activo— podrían desarrollarse objetos con masas similares o mayores que la de Júpiter, el mayor planeta de nuestro sistema solar.

Estos discos de acreción, aunque extremadamente volátiles y luminosos, comparten algunos procesos físicos con los discos protoplanetarios alrededor de estrellas, como la acumulación gradual de polvo y gas que da lugar a cuerpos cada vez mayores. A través de un fenómeno conocido como inestabilidad de corrientes o streaming instability, los granos de polvo interactúan con el gas circundante y forman concentraciones densas que pueden colapsar gravitatoriamente para originar planetas.

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La escala a la que se forman estos objetos es monstruosa: un agujero negro supermasivo puede pesar millones de veces más que nuestro Sol, y los planetas nacientes podrían iniciar con tamaños equivalentes al de Júpiter, creciendo incluso más con el tiempo. De hecho, durante un solo episodio activo típico de un núcleo galáctico activo —que suele durar alrededor de 2 millones de años— se podrían crear aproximadamente un millón de estos planetas o cuerpos con masa planetaria.

Además, algunos de estos cuerpos podrían superar la masa planetaria y transformarse en enanas marrones, objetos que se sitúan entre planetas y estrellas por no alcanzar la fusión nuclear necesaria para brillar como estas últimas. En casos todavía más excepcionales, algunos incluso podrían evolucionar hasta convertirse en verdaderas estrellas.

No todos estos planetas hipotéticos tendrían una vida larga: la gravedad del agujero negro podría empujar algunos hacia regiones interiores del disco donde las temperaturas extremas los desintegrarían, generando más polvo y alimentando el ciclo de formación. Sin embargo, la enorme cantidad de planetas formados durante múltiples episodios activos en miles de millones de años podría ser inmensa.

La principal dificultad actual es la detección directa de estos mundos. Las técnicas convencionales para encontrar planetas, como la velocidad radial o el método de tránsito, resultan complicadas debido a la masiva influencia gravitatoria del agujero negro y la naturaleza intensa del disco de polvo y gas. La microlente gravitatoria ofrece alguna esperanza, aunque requeriría una alineación especial de varios planetas alrededor del agujero negro para generar un efecto detectable.

En cuanto a cómo denominar a estos cuerpos, el término “planeta” genera debate, pues aunque comparten procesos formativos semejantes a los planetas tradicionales, su entorno es muy diferente. El propio equipo científico sugirió el término “blanets” para designarlos, aunque esta nomenclatura aún no ha sido adoptada ampliamente.

Hay también la posibilidad de que estos planetas formen sistemas binarios, donde dos cuerpos de masa similar orbitan entre sí, fenómeno que ya se observa en asteroides y planetas menores del cinturón de Kuiper en nuestro sistema solar. Esto se debe al momento angular que domina durante la formación, permitiendo este tipo de configuraciones.

¿Podría haber vida en estos mundos? Es una pregunta abierta, aunque la energía proveniente del gas caliente del disco de acreción podría ofrecer un ambiente energéticamente activo. La situación sería muy distinta a la de un planeta alrededor de una estrella, pero no del todo descartable desde un punto de vista energético.

En definitiva, estas nuevas simulaciones abren una puerta inesperada en la astrofísica, sugiriendo que los agujeros negros supermasivos, lejos de ser centros estériles y destructivos, podrían también ser la cuna de millones de mundos. Queda mucho por investigar y descubrir, incluyendo la confirmación observacional de estas predicciones.

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