El cambio climático está golpeando con fuerza en todas las regiones del planeta. Este año, el hemisferio norte ha vivido otro verano récord en temperaturas y fenómenos meteorológicos extremos, mientras que el hemisferio sur se enfrenta a un verano plagado de olas de calor, inundaciones, incendios forestales y sequías severas. Estas condiciones adversas son el resultado de décadas de calentamiento global, ahora agravadas por un fenómeno El Niño sin precedentes.
El El Niño es una fase cálida de la Oscilación del Sur El Niño, que implica un calentamiento cíclico del Océano Pacífico impulsado por cambios en los vientos alisios. Su incidencia altera patrones climáticos a nivel mundial, intensificando los efectos del cambio climático y generando graves consecuencias para la salud humana.
Los impactos en la salud pública derivan principalmente de la exposición aumentada a las olas de calor extremo, que elevan el riesgo de golpes de calor, deshidratación y enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Además, la extensión y frecuencia de incendios forestales incrementan la contaminación del aire, afectando a millones. Las inundaciones y sequías provocan también brotes de enfermedades infecciosas y retos sanitarios relacionados con la calidad del agua y la seguridad alimentaria.
Ante esta situación, científicos y profesionales de la salud han pedido a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que declare el cambio climático como una emergencia sanitaria mundial. Esta declaración permitiría movilizar recursos, coordinar acciones internacionales y reforzar las políticas de salud pública para mitigar estos efectos devastadores.
Reconocer el cambio climático como una crisis sanitaria urgente también implicaría una mayor integración de la salud en las estrategias climáticas globales, fomentando la colaboración entre sectores medioambiental, sanitario y político. Además, facilitaría la implementación de medidas preventivas y de adaptación, disminuyendo la vulnerabilidad de las poblaciones más expuestas y vulnerables.
La falta de esta declaración, advierten los expertos, podría retrasar la respuesta internacional y dejar a millones de personas sin la protección necesaria frente a la creciente amenaza de eventos climáticos extremos y sus consecuencias directas sobre la salud física y mental.
El momento actual exige una acción decidida y coordinada para frenar el avance del cambio climático y sus efectos nocivos en la salud humana. La OMS tiene un papel fundamental para liderar esta respuesta global y asegurar que la salud pública esté en el centro de las políticas climáticas, evitando así un daño irreversible para las generaciones presentes y futuras.