La gobernanza de datos empresarial se basa en tres pilares fundamentales para ser eficaz: un inventario completo de los datos no estructurados, suficiente contexto para evaluar su valor y riesgos, y la automatización en la gestión en diversos entornos de almacenamiento. Sin estas capacidades, las políticas de datos quedan en meros enunciados sin impacto operativo.
La mayoría de los programas de gobernanza de datos nacen con la intención de gestionar la información de manera clara y uniforme. No obstante, su éxito depende de que los equipos sepan con precisión qué datos existen y puedan aplicar normativas, a menudo reguladas, sobre ellos. Con las herramientas actuales, esto es posible, pero la complejidad aparece cuando se trata de datos no estructurados, que suelen dispersarse en sistemas de archivos, plataformas en la nube y repositorios antiguos. Además, este tipo de información frecuentemente carece del contexto necesario para identificar a su responsable o la razón de su permanencia.
Como resultado, se genera una brecha de gobernanza: las políticas existen, pero la empresa no es capaz de controlar realmente toda su información. Esto deja datos fuera del alcance de los controles necesarios, incrementando riesgos de seguridad y de cumplimiento normativo.
Dificultad para controlar datos en constante movimiento
Las actividades diarias generan un volumen enorme de datos no estructurados. Esta gestión se complica porque los empleados suelen crear archivos para tareas específicas y luego los copian o mueven a medida que los trabajos evolucionan. Con el paso del tiempo, los archivos pierden su contexto original, especialmente cuando sus responsables cambian de puesto o abandonan la empresa. Además, el crecimiento del volumen de datos dificulta identificar qué archivos siguen siendo relevantes y cuáles deberían archivarse o eliminarse.
Un ejemplo común es la gestión de registros de recursos humanos de ex empleados, que deben eliminarse tras cierto tiempo. Sin embargo, si una hoja de cálculo con datos antiguos se copia en un almacenamiento compartido ignorado, esa información queda fuera de los procesos de control. La política pierde eficacia si no se localizan todas las copias. Por ello, simplemente tener normas no basta para cerrar esta brecha de gobernanza.
Una visión integral, clave para la gobernanza
Para avanzar, es preciso obtener una visión completa del conjunto de datos no estructurados, no solo un panorama parcial centrado en los sistemas de almacenamiento. Los responsables necesitan conocer dónde están alojados los archivos, si están en uso activo y si alguien se encarga de ellos.
Con esta información, los equipos de gobernanza pueden diseñar e implementar políticas uniformes en toda la infraestructura de datos y detectar qué conjuntos requieren atención. Además, deben mantener este proceso dinámico para gestionar nuevas incorporaciones y movimientos constantes de la información.
La aplicación a gran escala de las políticas implica revisar permisos de acceso, reubicar datos a espacios más adecuados o eliminarlos al finalizar sus períodos de retención. Estas prácticas evitan que la gobernanza sea una tarea manual inasumible y crean un enlace real entre las decisiones de política y el control efectivo de los datos.
La inteligencia artificial eleva las exigencias de gestión
Un plan de gobernanza moderno no puede obviar el papel de la inteligencia artificial (IA). Los proyectos de IA aumentan la necesidad de entender bien los datos no estructurados en la empresa. Toda información seleccionada para sistemas de IA debe ser adecuada para su función. Si existen brechas de gobernanza, datos obsoletos o sensibles podrían pasar inadvertidos y llegar a entornos de IA sin un análisis exhaustivo.
Por ello, la gobernanza debe comenzar desde los datos originales y continuar conforme la información se integra en etapas posteriores del proceso de IA. Para los equipos de seguridad y gobernanza, esto convierte la gestión de datos no estructurados en una prioridad operativa inmediata.
Además, los responsables deben poder justificar las decisiones tomadas respecto al uso de datos en IA. Si se cuestiona por qué un algoritmo ha empleado un determinado documento, los equipos deben rastrear su origen y comprobar que cumplía con las políticas vigentes. Esto exige mantener registros claros y la capacidad de revisar esos criterios conforme varíe el conjunto de datos. También es fundamental evitar que la información entre automáticamente en los flujos de trabajo de IA, evaluando su pertinencia de forma deliberada.
Una gestión eficaz de datos no estructurados refuerza los cimientos para la adopción de IA y convierte la gobernanza en una realidad tangible. Las empresas deben comenzar por inventariar todo su patrimonio informativo, añadir contexto sobre propiedad y uso, y aplicar políticas sobre retención, accesos y ubicación a gran escala. Estas medidas transforman datos fragmentados en un activo confiable y controlado, apto para impulsar la innovación.
La empresa Datadobi ofrece una capa inteligente de orquestación para datos no estructurados, ayudando a las organizaciones a obtener visibilidad, gobernanza y control en entornos fragmentados. Su plataforma StorageMAP, neutral respecto a proveedores, proporciona una visión unificada de datos en archivos y objetos a través de infraestructuras locales, híbridas y multi nube, facilitando actuaciones a gran escala. Con clientes globales líderes, Datadobi convierte datos dispersos en bases de confianza para IA, ciberseguridad y transformación digital. Fundada en 2010, tiene su sede en Leuven, Bélgica, y oficinas en Nueva York, Melbourne, Düsseldorf y Londres.