La propuesta del grupo de arquitectura Bjarke Ingels Group (BIG), presentada el 29 de octubre de 2026, plantea un modelo innovador para los asentamientos de refugiados que supera el concepto tradicional de alojamiento de emergencia. Su proyecto, denominado «Refugee Future Cities», se centra en el diseño de una ciudad para refugiados en Bidi Bidi, al norte de Uganda, actualmente en fase de planificación, cuyo objetivo no es solo ofrecer un techo, sino construir un entorno que permita desarrollar una vida plena y sostenible.
El punto de partida se basa en la conformación de pequeñas unidades familiares, trazadas en parcelas agrupadas en torno a patios compartidos. Seis viviendas se disponen alrededor de un espacio común que actúa como núcleo social intermedio entre la privacidad del hogar y la esfera pública de la calle. Esta organización espacial fomenta la convivencia y actividades en comunidad sin que todas las acciones se limiten al interior de las viviendas.
El diseño apuesta por emplear materiales locales como ladrillo de tierra secada al sol, piedra de laterita y bambú, integrando técnicas constructivas arraigadas en la zona que garantizan una mejor adaptación climática y cultural. Aspectos esenciales como la ventilación natural, la protección frente a las inclemencias meteorológicas, el control de mosquitos o la energía solar son prioritarios, reflejando una atención a los detalles prácticos que afectan directamente al bienestar de los habitantes por encima de apariencias visuales.
En las imágenes renderizadas se observa un ambiente cálido y abierto: muros curvos en tonos tierra rodean un árbol central dentro del patio, creando un espacio propicio para la interacción social. Asimismo, se ilustran mercados al aire libre con estructuras que ofrecen sombra y protección, espacios diseñados para promover la convivencia y la economía local.
La propuesta no se limita a la edificación sino que contempla una infraestructura integral con mercado de alimentos, talleres técnicos, áreas de formación, espacios de coworking, centros de salud, zonas de arte, recreo y jardines, reconociendo la importancia de actividades recreativas y culturales para una vida equilibrada. Esto supone una visión que entiende las necesidades humanas más allá de la mera supervivencia.
En cuanto a infraestructura, el ambicioso plan incluye un núcleo industrial alimentado con energía solar, con sistemas para la generación local de electricidad, tratamiento de agua y gestión de residuos. La intención es que estos servicios formen parte del motor económico de la ciudad, aunque quedan abiertas preguntas cruciales sobre la gestión, mantenimiento y financiación de estas instalaciones a largo plazo.
Desde el punto de vista financiero, la iniciativa busca atraer inversión institucional y promover actividades comerciales sostenibles que permitan retorno económico durante décadas, evitando depender únicamente de la ayuda filantrópica a corto plazo. Las llamadas «Zonas de Oportunidad» incluirán manufactura y agricultura, elementos clave para la autosuficiencia y creación de empleo.
Sin embargo, el éxito del proyecto dependerá también de factores externos como la cooperación de los gobiernos anfitriones, acuerdos legales en materia de tierras y el reconocimiento de derechos laborales para los refugiados. Estos aspectos legales y políticos son indispensables para la viabilidad y el desarrollo pleno de la ciudad, y no pueden ser resueltos únicamente a través del diseño arquitectónico.
Una cuestión fundamental es la gobernanza: ¿podrán los residentes influir en la organización de sus barrios? ¿Se garantizará una remuneración justa en los empleos que se generen? ¿Qué mecanismos se establecerán para equilibrar las prioridades comerciales con las necesidades comunitarias? La planificación física debe ir acompañada de estructuras inclusivas que permitan a los habitantes ser protagonistas de su entorno.
El primer paso tangible será la construcción de un prototipo de vivienda unifamiliar en el Centro de Artes Escénicas de Bidi Bidi. Esta fase piloto permitirá a los residentes probar el modelo y aportar sus opiniones para ajustar el plan general. La participación activa de la comunidad será decisiva para que el proyecto se adapte a sus necesidades reales y evolucione con sentido.
En definitiva, el planteamiento de BIG representa un esfuerzo por redefinir cómo se diseñan los espacios para refugiados, transcendiendo la urgencia del refugio para construir entornos sociales, culturales y económicos integrales que potencien la dignidad y autonomía de sus habitantes.