Las erupciones volcánicas pueden presentarse de formas muy diversas, desde suaves corrientes de lava hasta espectaculares fuentes de roca fundida que se elevan decenas de metros en el aire. Investigadores han identificado un proceso clave, hasta ahora poco considerado, que ocurre en las profundidades de un volcán y que puede transformar el magma aparentemente inocuo en una fuerza explosiva capaz de desencadenar violentas erupciones.
Este nuevo hallazgo se centra en la importancia de la historia térmica del magma, es decir, cómo ha sido calentado o enfriado durante su trayectoria bajo tierra antes de alcanzar la superficie. Según los expertos, estas variaciones térmicas condicionan la cantidad de gas disuelto en la masa magmática y la manera en que se libera, factores determinantes para la intensidad con la que el volcán expulsa el material fundido.
Así, un magma que ha mantenido una temperatura constante y alta tiende a liberar sus gases lentamente, originando erupciones menos violentas, caracterizadas por flujos de lava más fluidos y controlados. Por el contrario, si el magma experimenta enfriamientos y recalentamientos sucesivos, se generan nucleaciones de gas que pueden precipitar liberaciones explosivas súbitas, dando lugar a erupciones mucho más vigorosas y peligrosas.
Este modelo explica fenómenos observados en episodios recientes, como la erupción de Tajogaite en 2021, donde la lava emergió en impresionantes fuentes incandescentes que alcanzaron gran altura. Las observaciones sugieren que las condiciones térmicas del magma antes de salir a la superficie jugaron un papel fundamental en la espectacularidad del evento.
Los científicos subrayan que comprender estos procesos no solo mejora la predicción de cómo será una erupción, sino que también aporta valiosos datos para la evaluación del riesgo volcánico y la protección de las comunidades cercanas a volcanes activos. Esta investigación abre la puerta a nuevas estrategias para monitorear cambios sutiles en la temperatura y composición del magma en tiempo real.
El estudio, llevado a cabo mediante análisis geofísicos y simulaciones computacionales, se ha convertido en un punto de referencia para volcanólogos y expertos en riesgos naturales, quienes ahora trabajan para implementar estos hallazgos en sistemas de alerta temprana y planes de emergencia más efectivos.
Así, el conocimiento profundo de la «historia térmica» del magma emerge como un indicador crucial para anticipar la naturaleza que adoptará una erupción volcánica, aportando una herramienta clave para minimizar el impacto humano y ambiental de estos fenómenos naturales.