Entre dos troncos milenarios, esta casa apenas toca el suelo: precisamente esa es su esencia

En la isla de Bowen, cerca de Vancouver, se ha levantado una vivienda única que parece flotar entre dos viejos tocones de árboles. Diseñada para integrarse de forma respetuosa con su entorno natural, la casa eleva ligeramente su estructura sobre el terreno rocoso, buscando un diálogo discreto y armónico con la naturaleza.

Situada en la cresta occidental de Bowen Island, una isla a solo 20 minutos en ferry desde Horseshoe Bay en Vancouver, esta vivienda conocida como la «Floating House» (Casa Flotante) es una creación del estudio SMStudio, liderado por Simon Montgomery. Finalizada en 2023, esta residencia destaca por una decisión arquitectónica audaz: se construyó precisamente entre dos troncos antiguos de árboles centenarios, carbonizados pero aún erguidos como guardianes silenciosos del paisaje.

En lugar de talar o evitar estos vestigios arbóreos, Montgomery optó por situar la vivienda encajada entre ellos, integrando así la edificación con el terreno rocoso, casi como si el edificio hubiera crecido junto a ellos. Este enfoque reafirma el respeto por el entorno natural y muestra una simbiosis entre lo construido y lo existente.

El diseño exterior se caracteriza por una simplicidad elemental y un acabado en materiales naturales: las paredes de cedro quedan expuestas a la intemperie para que adopten los tonos de la paleta forestal del entorno, mientras que el techo se presenta con una pronunciada inclinación, recubierto con paneles de acero en una costura vertical que aporta elegancia y durabilidad.

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Uno de los aspectos más sobresalientes de la casa es el voladizo que eleva la estructura ligeramente en el aire, creando una separación y sombra intencionada en la base. Este detalle, inspirado en el pensamiento espacial japonés, no solo cumple una función estructural, sino también filosófica: da la impresión de que la vivienda flota de manera etérea sobre la roca, generando una relación casi ceremonial con el suelo sobre el que se asienta.

El planteamiento interior responde a una atmósfera cálida y sencilla. Las superficies interiores de abeto Douglas aportan una textura cálida y natural que contrasta con la austeridad y resistencia del exterior. La entrada de luz natural está calibrada con cuidado para permitir que el bosque que rodea presione visualmente desde todos los ángulos, pero sin invadir ni sobrecargar el espacio. La calidad lumínica cobra protagonismo incluso antes que el mobiliario o los detalles decorativos.

En cuanto a la disposición del espacio, la planta se configura de forma asimétrica, adaptándose a la topografía del terreno con dos alas que abrazan las diferentes cotas: una plataforma elevada en la parte boscosa y un prado abierto que cae hacia el horizonte, ofreciendo vistas despejadas hacia el cielo y la línea de árboles lejana. El resultado es una vivienda que no busca imponerse sino reforzar la belleza del entorno.

Lejos de la grandilocuencia o el espectáculo, la Floating House destaca por la contención y precisión de su diseño. En un tiempo donde la arquitectura a menudo apuesta por la ostentación para demostrar fuerza o modernidad, Simon Montgomery demuestra que la sobriedad y el respeto hacia el lugar pueden generar espacios mucho más memorables y valiosos.

Esta obra singular está actualmente en venta por un precio de 2,1 millones de dólares canadienses, a través de West Coast Modern, y representa un claro ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea puede dialogar sin estridencias con la historia y la naturaleza del lugar donde se emplaza.

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