En 1999, el mundo informático vivió una intensa preocupación conocida como el fallo del milenio o Y2K, un error en la codificación que reducía el año de cuatro cifras a dos, lo que generó el temor de que los sistemas interpretaran «00» como 1900 en lugar de 2000. Esta amenaza, identificada por primera vez en 1958, puso en alerta a empresas y gobiernos que invirtieron alrededor de 300.000 millones de dólares (equivalente a 600.000 millones en la actualidad) para actualizar sus sistemas y evitar un colapso global. Gracias a estos esfuerzos, la crisis fue sorteada.
Actualmente, en 2026, se despierta con lentitud pero firme un nuevo temor, bautizado como «Q-Day»: el momento hipotético en el que los ordenadores cuánticos serán lo suficientemente potentes como para romper en segundos las actuales técnicas de encriptación que protegen datos sensibles en todo el mundo. Este riesgo, alertado desde 1994 por el matemático Peter Shor, ha sido objeto de advertencias por parte de destacados líderes del sector, compañías de computación cuántica, expertos en ciberseguridad y organismos gubernamentales.
Durante años, esta amenaza se percibía como distante y abstracta, lo que llevó a muchas empresas a destinar sus limitados presupuestos de TI a problemas más inmediatos. Sin embargo, en marzo de 2026, Google Quantum AI difundió un estudio revelador que demostró que los ordenadores cuánticos podrían vulnerar la encriptación que sostiene al Bitcoin con menos de 500.000 qubits físicos, adelantando la fecha estimada de “Q-Day” desde la década de 2030 hasta 2029. Además, otro informe reciente sugiere que bastarían apenas 10.000 qubits para romper los cifrados más sólidos.
A pesar de esta aceleración, la respuesta en el mundo empresarial ha sido decepcionantemente lenta. La gran mayoría de las compañías aún no han implementado medidas post-cuánticas, como las criptografías diseñadas para resistir ataques de computación cuántica (conocidas como post-quantum cryptography o PQC). ¿Por qué persiste esta pasividad ante una amenaza inminente?
La escasa preparación del tejido empresarial
Los estudios sobre la preparación empresarial pintan un panorama sombrío. Según un análisis de Bain & Company, el 90% de las empresas carece de sistemas para protegerse contra esta nueva clase de amenazas cuánticas. Keyfactor también indica que casi la mitad (48%) de las organizaciones no están listas para esta transición. Juniper Research proyecta que solo el 27% adoptará PQC para 2035, mientras que en la actualidad apenas un 0,0009% de las empresas – unas 35.000 – han desplegado soluciones. En un informe de QuEra, la confianza en la preparación cuántica disminuyó de 65% en 2025 a 55% este año, lo que indica que la amenaza se vuelve cada vez más tangible y las defensas actuales insuficientes.
Arjun Kudinoor, investigador doctoral en el MIT y asesor en seguridad cuántica de Protegrity, apunta que el principal problema es la falta de conocimientos. Muchas organizaciones no cuentan con el talento ni la experiencia para evaluar riesgos, proteger sus sistemas actuales ni identificar casos de uso relevantes para la computación cuántica. Por ello, insta a las empresas a formar a sus equipos técnicos y ejecutivos en alfabetización cuántica, a evaluar su vulnerabilidad y a detectar dónde la computación cuántica podría ofrecer un beneficio real.
Frank de Jong, director de programas en Orange Business, coincide en que la concienciación ha aumentado recientemente, pero recalca que hoy en día es imposible estar completamente preparado para «Q-Day», y dudoso alcanzar una seguridad total antes de 2029. Su consejo es comenzar cuanto antes, dando prioridad a la protección de los activos más valiosos. “La clave es empezar el camino, no esperar condiciones perfectas”.
Los sectores con mayor avance en esta transición son las telecomunicaciones y las industrias con infraestructuras críticas, seguidos por servicios financieros, sanidad y desarrolladores de software, aunque la preparación depende mucho del presupuesto y la experiencia técnica interna.
Evitar una crisis cuántica en cámara lenta
La computación cuántica puede resultar difícil de comprender y ha sido vista durante años como una tecnología aún lejana. Por eso muchas empresas han relegado el problema. Sin embargo, Suja Viswesan, vicepresidenta de software de seguridad en IBM, recomienda comenzar por lo más básico: mapear los activos criptográficos, como certificados y claves, en los sistemas y priorizar los riesgos. También propone implementar controles intermediarios para ganar tiempo mientras se completan las migraciones a PQC.
El experto Kohinoor señala que no se trata de una amenaza abstracta; se han realizado cálculos detallados sobre la cantidad de qubits y correcciones necesarias para ejecutar algoritmos cuánticos que rompan cifrados como RSA-2048, que son los más usados en la actualidad. Aunque la potencia de los ordenadores cuánticos aún no ha alcanzado la capacidad para un ataque exitoso, el progreso es innegable y los avances se suceden.
Una razón fundamental de la lentitud empresarial radica en la asignación presupuestaria: los gastos en tecnología de la información (TI) se han disparado un 14,2% este año hasta los 6,37 billones de dólares, pero la mayor parte se invierte en áreas más visibles o inmediatas, como la inteligencia artificial. Según de Jong, «los presupuestos van donde está la atención». Adaptar la infraestructura a estándares cuánticos es un proceso complejo, costoso y a largo plazo, por lo que las empresas deben planificar con urgencia y ser pragmáticas para no quedarse atrás.
¿Estamos a tiempo de prepararnos?
La mayoría cree que la urgencia es máxima y que puede ser demasiado tarde para evitar daños significativos, especialmente dado el aumento de ataques denominados «harvest now, decrypt later» (HNDL), donde los ciberdelincuentes almacenan datos cifrados hoy para descifrarlos en cuanto la computación cuántica lo permita.
Sin embargo, los expertos coinciden en que nunca es demasiado tarde para iniciar la preparación. De Jong recuerda el dicho: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora.” Aunque reconoce que muchas compañías nunca llegarán a estar completamente protegidas, subraya la necesidad de priorizar, empezar por los sistemas más críticos y aceptar que la protección total será progresiva.
MIT insiste en la actualización progresiva a criptografía post-cuántica, comenzando por los sistemas de mayor visibilidad y riesgo. IBM indica que la transición no será instantánea ni homogénea, sino que diferentes sistemas se volverán vulnerables en distintos momentos durante varios años, desmintiendo la idea de un único «Q-Day» catastrófico.
La preparación cuántica exige actuar con calma y determinación
Dadas las características dilatadas en el tiempo del fenómeno «Q-Day», se recomienda a las empresas evitar decisiones precipitadas y adoptar una estrategia equilibrada, evaluando cuidadosamente infraestructuras y seleccionando proveedores con criterio.
Este enfoque se conoce como «festina lente», expresión latina que significa «apresúrate despacio». La clave está en iniciar la transformación cuanto antes, sin sacrificar la calidad en la toma de decisiones. La capacidad de adaptación criptográfica o «crypto-agilidad» es fundamental para migrar a PQC y mantener la flexibilidad para ajustes sin interrupciones significativas, minimizando riesgos y costos operativos.
En cuanto a las empresas dedicadas a la computación cuántica, de Jong señala que ya incorporan medidas de seguridad cuántica desde el diseño en sus productos, especialmente en servicios en la nube, y que existen iniciativas pro bono para ayudar a firmas más pequeñas. Sin embargo, el gran impacto se espera en compañías de mayor tamaño.
Expertos insisten en la importancia de alfabetizar técnica y ejecutivamente a los equipos, planificándolo con presupuestos dedicados a lo largo de los próximos años y compartiendo conocimientos interempresariales para acelerar el aprendizaje colectivo. La transición a un mundo post-cuántico es nueva para casi todas las organizaciones y el camino está aún por trazar.
A pesar de que cada avance tecnológico acorta los plazos y que la mayoría de analistas considera inalcanzable una preparación total antes de 2029, impulsar la acción puede convertir esta amenaza en un ejemplo más de cómo se evitó una crisis informática global, tal como ocurrió con el Y2K.