Anthropic comercializa su suscripción más avanzada, Claude Max, prometiendo a los desarrolladores un uso hasta 20 veces superior al del plan Pro, que cuesta 20 dólares mensuales. Sin embargo, aquellos que abonan los 200 dólares del plan Max 20x han descubierto que existe un límite semanal adicional que no fue explicado con suficiente claridad, según señala una demanda colectiva presentada el martes.
Este conflicto en torno a los planes Max 5x y Max 20x de Anthropic revela una problemática creciente en el sector de la inteligencia artificial: la dificultad de empaquetar cantidades variables e impredecibles de capacidad computacional en suscripciones mensuales fijas. Los planes promocionados con multiplicadores de uso atractivo, pero que en realidad incluyen restricciones adicionales, dificultan la comprensión real del servicio por parte de los desarrolladores. De prosperar la demanda, esta podría sentar un precedente sobre el nivel de claridad que deben ofrecer los proveedores de IA antes de formalizar las suscripciones.
Los límites detrás del multiplicador “20x”
Según la documentación oficial de Anthropic, los multiplicadores 5x y 20x se aplican «por sesión», con límite de uso que se reinicia cada cinco horas. No obstante, esta ventana temporal no es el único recorte; la compañía también impone un tope semanal que abarca todos los modelos y advierte que pueden incluir otras restricciones para gestionar la capacidad de sus sistemas. Esto afecta especialmente a usuarios de Claude Code, ya que el tiempo dedicado a sesiones interactivas de programación computa dentro de los mismos límites mensuales.
Cuando se agota el uso permitido, los desarrolladores deben o bien esperar a que el contador se reinicie o pagar más para continuar trabajando, lo que genera confusión respecto a la promesa inicial de mayor uso. La oferta compara el plan Max con Pro en términos relativos, pero no especifica la cantidad real de trabajo que un suscriptor puede realizar por 200 dólares cada mes.
La demanda, recogida inicialmente por medios especializados, sostiene que los límites semanales se implementaron en julio de 2025, varios meses después de lanzar Max en abril, sin ajustar la publicidad realizada sobre la capacidad multiplicada. Los demandantes acusan a Anthropic de ocultar esta imposición en el momento de la contratación. La empresa se defendió señalando que la información estaba disponible en enlaces durante la compra, equiparando estas indicaciones a las etiquetas de productos que los clientes pueden consultar en su envase antes de adquirirlo.
El dilema del cómputo a precio fijo
Claude Max no es el único plan de suscripción cuya cantidad exacta de trabajo proporcionado resulta difícil predecir. La complejidad radica en que las tareas de programación pueden variar notablemente. Mientras un arreglo sencillo apenas consume cuota, procesos complejos pueden agotarla rápidamente. Así, el multiplicador de uso no informa de manera clara cuántos proyectos concretos pueden abordarse dentro del límite mensual.
Comparación con la competencia
OpenAI, otro jugador relevante en IA, tiene un planteamiento similar con su producto Codex. Según su documentación, el uso depende del tipo de tarea, modelo empleado y plataforma utilizada. Codex comparte un cupo con otros productos automatizados, que una vez consumido obliga a comprar créditos adicionales. Además, la elección del modelo influye en el consumo: por ejemplo, Astra puede consumir 2,5 veces más tokens que GPT-5.6, lo que amplía o reduce la eficiencia del uso contratado.
Aunque no se acuse a otros proveedores de irregularidades, ambos casos ponen de manifiesto la complejidad de evaluar suscripción y precio solo con la información proporcionada. Asegurar una mayor capacidad de uso no explica cuánta labor se podrá realizar realmente antes de topar con otro límite.
Algunas empresas ya exploran sistemas alternativos. OpenAI, por ejemplo, prueba tarifas basadas en resultados, cobrando solo cuando un agente realiza una tarea, en lugar de medir el uso bruto. Este método plantea sus propios retos, como la definición de qué implica completar una tarea con éxito y el coste que supone para la empresa cuando una ejecución falla. Sin embargo, refleja un reconocimiento de que los modelos de precios actuales, basados en tokens y multiplicadores, no satisfacen plenamente las expectativas de los desarrolladores.
Un precedente para las suscripciones de IA
En caso de prosperar la demanda, podría obligarse a los proveedores a detallar mejor sus planes de suscripción, especificando cuándo se reinician los límites y qué restricciones rigen el consumo. Aun así, quedaría en el aire la pregunta más importante para los usuarios: ¿cuánto trabajo puedo lograr realmente por lo que pago?
Con el avance de agentes de IA capaces de asumir tareas más complejas y operando de manera autónoma durante periodos extendidos, el caso Anthropic puede marcar la pauta sobre la transparencia requerida en la venta de suscripciones, especialmente cuando la utilidad real del servicio varía considerablemente según la carga de trabajo.