Un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha dado un paso decisivo en la lucha contra el cáncer al conseguir reprogramar células inmunitarias directamente dentro del cuerpo, sin necesidad de extraerlas o manipularlas en laboratorio. Este enfoque revolucionario se ha probado con éxito en ratones, donde las células NK (natural killer) modificadas lograron erradicar tumores de linfoma y, además, contribuyeron a la reparación de tejidos hepáticos dañados.
Tradicionalmente, los tratamientos personalizados contra el cáncer que utilizan las propias células T del paciente como terapia requieren un proceso complejo y costoso: primero se extraen estas células de la sangre, se envían a un laboratorio para su manipulación genética y, una vez reprogramadas para atacar las células cancerígenas, se vuelven a introducir en el organismo.
Esta nueva técnica, desarrollada por el laboratorio del MIT, evita todos esos pasos al transportar directamente ARN mensajero (ARNm) a las células NK dentro del cuerpo, causando que estas produzcan proteínas específicas capaces de reconocer y destruir tumores malignos. Este método ha demostrado su efectividad no solo para eliminar tumores, sino también para estimular procesos de curación en órganos afectados, como el hígado.
Los científicos emplearon nanopartículas diseñadas para entregar el ARNm exclusivamente a las células NK, teniendo un impacto mínimo sobre otros tipos de células. En los experimentos con ratones, las células NK reprogramadas eliminaron con éxito tumores de linfoma y, al mismo tiempo, promovieron la regeneración hepática en modelos con daño hepático inducido.
Aunque los resultados parecen prometedores, todavía está por determinar si esta estrategia será igualmente efectiva en humanos. El equipo del MIT está explorando la posibilidad de que esta técnica pueda aplicarse también para tratar enfermedades autoinmunes, modificando la respuesta inmunitaria de forma puntual y controlada.
La ventaja principal de este método es su potencial para simplificar y abaratar los tratamientos de inmunoterapia frente a enfermedades complejas, evitando extracciones y manipulaciones celulares externas y reduciendo el tiempo de espera para el paciente. Además, abre la puerta a terapias más personalizadas y con menos efectos secundarios.
Hasta el momento, estos avances se han limitado a estudios preclínicos en modelos animales, por lo que los pasos siguientes implican asegurar la seguridad y eficacia a través de ensayos clínicos en humanos. Si todo evoluciona favorablemente, esta técnica podría transformar radicalmente la forma en que se aborda el tratamiento de ciertos tipos de cáncer y trastornos inmunitarios en el futuro próximo.