Descubren ADN humano antiguo oculto en las paredes de cuevas durante miles de años

Investigadores han logrado extraer ADN humano milenario de las paredes de cuevas sin pinturas ni rastros visibles, ofreciendo una nueva forma de estudiar a los primeros habitantes sin intervenir los yacimientos arqueológicos.

Un equipo de científicos ha conseguido recuperar ADN humano muy antiguo alojado en las paredes de cuevas, incluso en aquellas donde no existen pinturas rupestres ni indicios visibles de actividad humana. Este hallazgo abre una nueva vía para estudiar la presencia y características genéticas de los primeros habitantes prehistóricos sin necesidad de alterar los sustratos arqueológicos.

Tradicionalmente, la información genética de civilizaciones antiguas se obtiene mediante el estudio de restos óseos o artefactos, pero muchas veces eso implica excavar depósitos que pueden resultar frágiles o difíciles de preservar. En esta investigación, liderada por expertos en paleogenética y arqueología, los científicos se centraron en pequeños muestreos de pigmentos y sedimentos adheridos a las paredes de varias cuevas en España. A través de técnicas avanzadas de secuenciación del ADN recuperado, lograron identificar fragmentos genéticos humanos con antigüedades que se remontan a miles de años.

Este ADN integrado en las paredes proviene de las actividades cotidianas de los habitantes prehistóricos, que dejaron rastros moleculares al tocar, pintar o respirar en esas áreas cerradas. El análisis de estos fragmentos ha permitido obtener datos sobre el sexo y la ascendencia de esas personas, revelando aspectos de la diversidad genética y migratoria de las poblaciones paleolíticas que utilizaron estas cavidades.

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Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que esta metodología no destructiva protege el valioso contexto arqueológico, ya que evita la extracción directa de restos humanos o el daño a pinturas y grabados, preservando así el patrimonio cultural para futuras investigaciones.

Los investigadores confían en que este enfoque se pueda aplicar en otras cuevas de todo el mundo, ampliando el conocimiento sobre cómo y cuándo se realizaron las primeras ocupaciones humanas en distintos territorios. Además, este método ofrece la posibilidad de detectar la presencia humana incluso en espacios donde hasta ahora no se había identificado ningún indicio claro debido a la ausencia de arte o materiales visibles.

Este descubrimiento representa un salto significativo para la paleoantropología y arqueología molecular, puesto que posibilita reconstruir la historia humana con mayor detalle y mínimo impacto en los yacimientos, ampliando así la capacidad de entender la evolución y comportamiento de nuestros antepasados.

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