El 5 de junio de 2026, a las 13:04 UTC, la NASA emitió una orden urgente para los tripulantes de la Estación Espacial Internacional (ISS): ponerse los trajes espaciales, buscar refugio y prepararse para una posible evacuación inmediata. Esta medida de emergencia se tomó en respuesta al agravamiento de una fuga de aire detectada en uno de los módulos situados en el lado ruso de la estación.
La fuga se localiza en el módulo de transferencia conocido como PrK, una estructura del segmento ruso que ha presentado problemas desde 2019. A lo largo de estos años, tanto la Agencia Espacial Federal Rusa (Roscosmos) como la NASA han debatido sin éxito la causa exacta del problema y las soluciones posibles. Sin embargo, recientemente altos cargos de la NASA han alertado sobre la posibilidad de que esta fuga derive en una «falla catastrófica» si no se resuelve con prontitud.
Según declaraciones públicas de Bethany Stevens, portavoz de NASA, las grietas y fisuras presentes en PrK son objeto de una vigilancia constante y extrema atención por parte de los expertos en tierra. La situación se agravó esta semana, al aumentar la fuga de aire de aproximadamente medio kilo diario a cerca de un kilo, según fuentes internas de la NASA citadas por Reuters.
Para contener el problema, Roscosmos decidió intentar una reparación más amplia el día 5 de junio, lo que motivó a NASA a adoptar una postura de máxima precaución. Todos los astronautas estadounidenses, franceses y rusos a bordo —incluyendo cuatro miembros de la misión SpaceX Crew-12 y el astronauta de la NASA Chris Williams— fueron instruidos para refugiarse dentro de sus naves Crew Dragon, consideradas «zonas seguras» ante una eventual evacuación.
Sin embargo, tras varias horas, la reparación fue suspendida temporalmente para realizar mediciones más detalladas y reevaluar la situación. Por ello, la NASA autorizó a la tripulación a abandonar las naves de refugio y retomar sus actividades normales en la ISS. «Esperamos poder colaborar estrechamente con Roscosmos para buscar una solución definitiva a las fugas», resaltó Stevens en un comunicado posterior.
Aunque la alerta se levantó, esta situación vuelve a poner de manifiesto los riesgos que conlleva mantener en órbita una infraestructura tan compleja y envejecida como la ISS. La fuga en el módulo PrK, que ha persistido durante años, podría comprometer la integridad estructural de la estación y provocar consecuencias graves para la seguridad de sus tripulantes en caso de no ser subsanada adecuadamente.
Este episodio añade preocupación a la estrecha cooperación internacional en la exploración espacial, especialmente en un momento en que la estación cumple más de dos décadas operativa y se debate su futuro a largo plazo.