Un hueso fosilizado de dinosaurio de aproximadamente 115 millones de años, encontrado en la Formación Romualdo en Brasil, contiene estructuras microscópicas que se asemejan a glóbulos rojos y muestra evidencias químicas claras de sangre antigua. Este hallazgo, reportado el 2 de noviembre de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, representa la primera confirmación directa a nivel molecular de compuestos provenientes de la sangre de dinosaurios, preservados en restos tan antiguos.
El equipo internacional que llevó a cabo la investigación incluyó científicos de Brasil, Japón y Estados Unidos. Su trabajo demuestra que bajo las condiciones geológicas adecuadas, no solo los huesos sino también tejidos blandos y biomoléculas como la sangre pueden conservarse por decenas de millones de años, lo que revoluciona la forma en la que comprendemos la fosilización y apertura nuevos horizontes para estudiar la biología de los dinosaurios extintos.
Un fósil excepcional de la Formación Romualdo
El hueso analizado pertenece a un pequeño dinosaurio terópodo llamado Aratasaurus museunacionali, nombre que homenajea al Museo Nacional de Brasil tras el devastador incendio de 2018. La Formación Romualdo, ubicada en el noreste de Brasil, es reconocida por la gran calidad en la conservación de sus fósiles, incluyendo peces, tortugas y pterosaurios, con detalles anatómicos poco frecuentes en otras formaciones.
La pieza estudiada corresponde a un fragmento de una extremidad posterior excepcionalmente bien conservada, protegida en un museo regional del país, más allá del daño sufrido por otras colecciones tras el incendio.
Evidencias dentro del hueso
Las estructuras similares a glóbulos rojos se ubicaban exclusivamente en los canales vasculares del hueso, lugar donde normalmente se encuentran las células sanguíneas en animales vivos. Además, el sedimento circundante estaba completamente ausente de estas estructuras, lo que descartó la posibilidad de contaminación externa.
Para confirmar la naturaleza biológica de estas estructuras, se llevaron a cabo diversos análisis químicos y espectroscópicos. Se detectaron moléculas con la estructura de hemo, componente fundamental de la hemoglobina que transporta oxígeno en la sangre. Asimismo, se identificaron trazas de colágeno, proteína clave de los tejidos conectivos.
Estos hallazgos combinados refuerzan la conclusión de que se trata de restos auténticos de sangre fosilizada, preservados durante más de cien millones de años.
Condiciones que permitieron la preservación
La rápida sepultura del dinosaurio en un ambiente pobre en oxígeno fue esencial para frenar el proceso de descomposición. Además, la presencia de ciertos minerales, como la hausmannita, podrían haber actuado estabilizando compuestos orgánicos sensibles, ejerciendo un efecto similar al de antioxidantes y evitando la degradación molecular habitual.
Durante la fosilización, las células sanguíneas microscópicas no permanecieron intactas sino que se convirtieron en minerales, lo que facilitó su conservación a lo largo del tiempo geológico.
Implicaciones del descubrimiento
Las células halladas presentan un tamaño y forma algo diferentes a las de los glóbulos rojos actuales de aves y cocodrilos (los parientes vivos más cercanos de los dinosaurios). Esta diferencia puede deberse a su deformación durante el proceso de fosilización o sugerir que, efectivamente, los glóbulos rojos de dinosaurios no avianos tenían formas distintas.
Este descubrimiento abre la posibilidad de investigar más a fondo la fisiología celular y molecular de los dinosaurios a un nivel nunca antes alcanzado.
Confirmación y futuro de la investigación
El conjunto de evidencias obtenidas mediante microscopía, mineralogía, espectroscopía y geoquímica molecular respaldan la certeza de que las estructuras son restos fosilizados de glóbulos rojos y contienen moléculas de hemo. Esto confirma que las biomoléculas derivadas de la sangre pueden conservarse durante más de 110 millones de años en condiciones especiales.
Además, este hallazgo sugiere que muchos de los fósiles resguardados en museos alrededor del mundo, incluso aquellos con apariencia menos espectacular, podrían contener información molecular, química y ambiental remanente valiosa y hasta ahora inexplorada.
Gracias a las técnicas analíticas modernas, es posible revisar ejemplares conservados durante décadas para formular nuevas preguntas y obtener conocimientos revolucionarios sobre antiguos organismos.
Este avance fue posible gracias al esfuerzo conjunto de investigadores brasileños como Renan Bantim, Antônio Saraiva, Juliana Sayão y Alexander Kellner, junto con colaboradores japoneses y estadounidenses que facilitaron el acceso y participaron en la investigación, poniendo de manifiesto la fuerza de la colaboración internacional en la ciencia.
En suma, la documentación molecular de la sangre de dinosaurio nunca antes lograda no solo cambia nuestra comprensión sobre la fosilización sino que abre una nueva ventana para explorar la vida en el pasado remoto.