Investigadores de la Universidad Monash y otras instituciones han encontrado que la gladiolina, una molécula derivada de bacterias, puede desactivar a la Candida albicans en su forma invasiva, un hongo que, aunque normalmente vive de forma inofensiva en el cuerpo humano, puede transformarse en una amenaza capaz de dañar tejidos y provocar infecciones que ponen en riesgo la vida.
La Candida albicans es un hongo oportunista que generalmente se aloja sin ocasionar problemas en la piel, boca, intestino o vagina. Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, como un sistema inmunitario debilitado o alteraciones en la microbiota, adquiere una forma invasiva que puede invadir órganos y desencadenar infecciones graves, especialmente en pacientes hospitalizados o con tratamientos prolongados con antibióticos.
El estudio, llevado a cabo por un equipo multidisciplinar en Monash y la Universidad Estatal de Arizona, identificó la gladiolina entre cientos de moléculas producidas por bacterias del suelo. Esta molécula no solo interfiere en las funciones que permiten al hongo adherirse y penetrar tejidos, sino que además potencia la eficacia de un antifúngico esencial en la actualidad, la anfotericina B.
Este hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas que complementan o mejoran los tratamientos antifúngicos convencionales, altamente necesarios dado el incremento en la resistencia a medicamentos existentes y la elevada mortalidad asociada a infecciones invasivas por Candida albicans.
Los experimentos demostraron que la gladiolina no tiene efecto tóxico significativo en células humanas, lo que la convierte en un candidato prometedor para el desarrollo de tratamientos seguros y efectivos. Al usarse en combinación con anfotericina B, se observa una reducción notable en la capacidad invasiva del hongo, lo que podría permitir dosis menores y disminuir efectos secundarios.
Los científicos subrayan la importancia de explorar la biodiversidad microbiana como fuente de nuevos compuestos con potencial clínico. La gladiolina es un ejemplo claro de cómo microorganismos competidores pueden ofrecer soluciones revolucionarias para combatir agentes patógenos que representan una amenaza creciente para la salud global.
Actualmente, el equipo está trabajando en optimizar la producción de la molécula y en ensayos preclínicos para evaluar su eficacia y seguridad en modelos animales, con el objetivo de avanzar hacia estudios clínicos en humanos. Si esta línea de investigación prospera, podría marcar un antes y un después en la lucha contra infecciones fúngicas invasivas.