El 59% de las empresas considera inalcanzable la plena soberanía digital, pero no renuncian a intentarlo

Un estudio de Capgemini revela que, aunque la mayoría de organizaciones duda de lograr la total soberanía digital, esta sigue siendo una prioridad estratégica, impulsada por la creciente incertidumbre geopolítica y riesgos asociados a la dependencia tecnológica externa.

La soberanía digital se ha convertido en un tema prioritario para los altos directivos, pero nuevas investigaciones indican que muchas organizaciones no confían en poder alcanzarla por completo.

Según un estudio reciente de Capgemini, el 44% de las empresas sitúa la soberanía digital como un asunto de máxima importancia en su consejo de administración, con proyectos en marcha o en desarrollo en Estados Unidos, Europa y Asia Pacífico. Casi el 80% ya está ejecutando o construyendo una estrategia en esta dirección, y otro 20% planea implementar alguna en el próximo año.

Este énfasis en la inversión responde a la creciente preocupación por la capacidad de las organizaciones para mantener operaciones críticas en un contexto geopolítico cada vez más incierto y turbulento.

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De hecho, cuatro de cada cinco encuestados señalaron la volatilidad y las interrupciones geopolíticas como el principal motor de sus iniciativas en materia de soberanía digital.

Las tensiones transatlánticas, en particular, han impulsado en Europa un consenso emergente sobre la necesidad de reducir la dependencia de proveedores tecnológicos estadounidenses, una postura que ha ganado terreno en los últimos meses.

Realidad compleja y desafíos persistentes

A pesar del interés y la atención dedicada, un 59% de las organizaciones considera que lograr una soberanía digital total es un objetivo poco realista.

El estudio identifica varias razones que explican este escepticismo. Entre ellas, destaca la excesiva dependencia de tecnologías y proveedores extranjeros, lo que puede dificultar una transición rápida y efectiva.

Un 36% de los encuestados reconoce que cambiar de un proveedor clave podría prolongarse más de un año, y un 10% afirma no contar con un proveedor alternativo viable. La limitada visibilidad en la cadena de suministro tecnológica también es un problema importante, con un 86% admitiendo estar expuesto a cadenas de suministro controladas total o parcialmente desde el extranjero.

Este contexto pone a los líderes de tecnología en una posición compleja, ya que alcanzar una soberanía completa suele ser inviable por razones prácticas y económicas.

Karine Brunet, directora de operaciones y entrega de Capgemini, subraya que las organizaciones actuales funcionan dentro de ecosistemas tecnológicos altamente interconectados, donde la independencia total es poco común.

Por su parte, Michael Murphy, subdirector de tecnología en Arqit, coincide en que la soberanía digital absoluta puede ser inalcanzable e incluso contraproducente para muchas empresas.

Capgemini alerta que aspirar a una soberanía plena podría afectar negativamente la competitividad, aunque más de la mitad de las organizaciones todavía confían en lograr sus objetivos sin sacrificar esta dimensión.

“La mayoría de las organizaciones dependen de un ecosistema tecnológico global, y tratar de controlar o poseer cada componente implicaría renunciar a capacidades demasiado costosas o complejas para replicar”, señala Murphy, que propone entender la soberanía como un espectro donde los diferentes riesgos deben abordarse según la criticidad de cada servicio o dato.

Hacia un enfoque pragmático y escalable

Ante estos retos, Capgemini observa que las empresas están adoptando estrategias más realistas, conocidas como enfoques de soberanía “ligera”.

En lugar de buscar una independencia tecnológica total, las organizaciones centran sus esfuerzos en mantener el control sobre capacidades digitales clave y reducir la concentración en un único proveedor.

Para ello, los expertos recomiendan considerar múltiples factores, como los requisitos de localización de datos, controles de acceso y posibles limitaciones tecnológicas.

Una táctica sugerida es ejercer un control selectivo sobre tecnologías críticas, acompañado de alianzas estratégicas, en lugar de buscar la propiedad íntegra y absoluta.

Matt Harris, vicepresidente sénior y director general para Reino Unido, Irlanda, Medio Oriente y África en HPE, refuerza esta perspectiva y apunta que se puede reforzar la resiliencia sin necesidad de adoptar posturas de soberanía total.

“El objetivo más realista es lograr un control significativo sobre las capas tecnológicas más estratégicas, incluyendo datos sensibles, entornos de despliegue de inteligencia artificial, seguridad, redes y gobernanza,” comenta Harris.

Además, aconseja a los responsables de TI que identifiquen sus datos más sensibles y cargas de trabajo críticas, evalúen dónde las dependencias externas representan riesgos regulatorios u operativos y aseguren que las decisiones tecnológicas incorporen opciones de portabilidad, auditoría y salida viables.

¿Un objetivo inalcanzable para Europa?

Este último informe no es el primero en cuestionar la factibilidad de la plena soberanía digital. En julio, un análisis de Forrester adelantó que la soberanía tecnológica completa será difícil de conseguir para las empresas europeas.

El informe Global Sovereignty Forecast proyectaba que el avance hacia la soberanía tecnológica sucederá de forma lenta durante los próximos cinco años, y prevé que los intentos de desvincularse de proveedores estadounidenses probablemente fracasen.

Dario Maisto, analista principal de Forrester, señaló que alejarse de proveedores dominantes requeriría un esfuerzo titánico que muchas empresas europeas no estarían en condiciones de afrontar.

En respuesta al estudio de Capgemini, Raphael Auphan, director de operaciones de Proton, urgió a las organizaciones europeas a valorar también el coste de no perseguir metas de soberanía a largo plazo.

Investigaciones de Proton muestran que casi tres cuartas partes (74%) de las compañías europeas temen que un “interruptor de apagado” impuesto desde Estados Unidos podría dejarlas sin acceso a herramientas y servicios esenciales.

“La soberanía no es una amenaza para la competitividad; la dependencia sí lo es,” afirmó Auphan. “Cada euro invertido en tecnología estadounidense subsidia a competidores extranjeros y concede poder a otra jurisdicción.”

“Europa no podrá gastar más que Estados Unidos ni trabajar más que China, pero sí puede destacar por sus valores. En una era en la que las empresas de inteligencia artificial recogen ingentes cantidades de datos personales y la confianza en la tecnología estadounidense mengua, el sello ‘fabricado en Europa’ se ha convertido en un valor diferencial real.”

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