Solo dos rovers, Curiosity y Perseverance, continúan operativos actualmente en Marte, pero en 2028 se unirá a ellos el rover Rosalind Franklin, de la Agencia Espacial Europea (ESA), que formará parte de la misión ExoMars. Esta misión tiene como prioridad buscar pruebas de vida microbiana en el planeta rojo, centrándose en la región de Oxia Planum.
Oxia Planum ha sido seleccionada por su abundante presencia de minerales de arcilla, cuya formación requiere agua y que podrían conservar rastros de vida antigua. Recientemente, investigadores franceses han publicado un estudio en la revista Icarus que revela que las capas de arcilla en esta región son todavía más extensas de lo estimado, lo que fortalece las expectativas para el éxito del rover en la búsqueda de vida.
El equipo investigador liderado por Inés Torres Auré de la Universidad de Lyon detectó que los depósitos no solo cubren Oxia Planum, sino que se extienden hasta Mawrth Vallis, ubicada a 300 kilómetros de distancia. En conjunto, estas capas de arcilla abarcan una zona de aproximadamente 600 kilómetros de longitud y tienen un espesor cercano a un kilómetro.

Estas arcillas son muy antiguas, aproximadamente de 4.000 millones de años, casi tan viejas como el propio Marte. Su antigüedad sugiere que podrían contener las mejores pistas para descubrir signos de vida marciana primitiva, pues son testimonios directos de las condiciones ambientales que existieron en las primeras etapas del planeta.
Jorge Vago, científico principal del proyecto ExoMars, señala que la magnitud de esta depositación de arcillas implica procesos regionales o incluso globales, y no fenómenos aislados. Esto sugiere la presencia de grandes cantidades de agua en el pasado de Marte, lo que podría haber permitido entornos habitables.
Una hipótesis es que Oxia Planum formó parte de un antiguo océano que cubrió el hemisferio norte marciano. Alternativamente, las arcillas podrían haberse generado por filtraciones de aguas subterráneas que inundaron la zona. El rover Rosalind Franklin llevará a cabo análisis in situ que permitirán distinguir ambos escenarios y profundizar en la historia geológica y climática de esa región.
Elliot Sefton-Nash, investigador adjunto de la misión, explica que los instrumentos a bordo del rover validarán desde la superficie las observaciones obtenidas por satélites, aportando datos inéditos sobre el ambiente donde estas arcillas se formaron y evaluando si albergan materia orgánica o señales de vida.
Además, el estudio reciente describe que en la zona se ha identificado un paleosuperficie: una antigua superficie expuesta y fuertemente impactada por meteoritos que fue cubierta por depósitos de arcilla posteriores, indicando interrupciones en la sedimentación y cambios en la química del agua y la mineralogía. Esto apunta a un clima marciano intermitentemente húmedo en el pasado remoto.
En 2019, la ESA eligió nombrar el rover en honor a Rosalind Franklin, la científica británica que aportó claves fundamentales para descubrir la estructura del ADN, irradiando así su legado hacia la búsqueda de vida más allá de la Tierra.
Finalmente, la misión ExoMars y su rover Rosalind Franklin representan una oportunidad única para avanzar en el conocimiento del pasado húmedo de Marte y en la posible existencia de vida fuera de nuestro planeta, explorando un lecho de arcillas que podría guardar secretos invisibles hasta ahora.