Jarrones neo-brutalistas que parecen pequeñas torres, incluso sin flores

El diseñador Aleksander Kozera presenta una colección de jarrones bajo su marca Yird Ceramics, que destacan por su acabado arquitectónico y su estética brutalista, dotando a estos objetos cerámicos de una presencia única aunque estén vacíos.

Un jarrón vacío puede hacer que una estantería parezca incompleta, como si las flores fueran las únicas responsables de la decoración. Sin embargo, los Jarrones Neo-Brutalistas de Aleksander Kozera, creados bajo la firma Yird Ceramics en Varsovia, ofrecen una solución atractiva: estas piezas cerámicas cuentan con tanto detalle arquitectónico que capturan la atención por sí mismas. La tentación es dejarlos vacíos y valorar después si necesitan algo en su interior.

Su forma cilíndrica está dividida en paneles rectangulares que presentan pequeñas hendiduras evocadoras de detalles constructivos de una fachada de hormigón. El diseño se interrumpe con huecos circulares y salientes curvados que recuerdan a pequeños balcones o juntas a la vista. Este efecto rodea la frontera entre una maqueta arquitectónica y un elemento decorativo de ciencia ficción. La colección parece un fragmento de infraestructura para una civilización pequeña y muy cuidadosa en su diseño, y esa combinación es parte de su atractivo.

La apariencia de hormigón proviene del propio cuerpo cerámico. Según la descripción presentada en el Festival de Diseño de Łódź, Kozera utiliza una mezcla de porcelana líquida con pigmentos cerámicos y grog negro que consigue un acabado crudo muy similar al hormigón. En las imágenes cercanas, se aprecian pequeñas motas oscuras que fragmentan la superficie gris, aportando textura y profundidad visual. Esta rugosidad es vital para que los paneles y círculos no parezcan una simple pieza lisa de plástico, sino que mantengan una dureza geométrica palpable.

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El carácter modular potencia la colección, que va más allá de un simple conjunto de cilindros de distintos tamaños. Según la organización del festival, estos vasos pueden combinarse y organizarse en composiciones mayores. En las fotografías se pueden ver formas adyacentes que crean hendiduras estrechas, solapes en los salientes y siluetas que cambian según el conjunto. Este planteamiento propone tratar una estantería como si fuera una pequeña composición arquitectónica, en vez de colocar tres piezas iguales en fila. Los jarrones comparten un lenguaje común, pero no son idénticos vistos desde cualquier ángulo.

El proceso de fabricación, que incluye modelado digital y moldeado 3D, explica esta repetición controlada. Kozera explica que comienza con un diseño digital, seguido de la impresión 3D de formas maestras que sirven para crear moldes de yeso usados en el moldeo por colada de porcelana. Esto aclara que no se trata de piezas cerámicas impresas directamente ni de objetos plásticos impresos, sino que la base digital experimenta una transformación física artesanal. Las fotografías del taller reflejan estas etapas de producción, mostrando los componentes moldeados y las piezas en distintos procesos.

El acabado añade otra capa de detalle: una suave capa de esmalte verde translúcido cubre pequeñas «ventanas» exteriores pintadas a mano. El tono verde es lo suficientemente sutil para que las piezas sigan leyendo mayormente como objetos grises de apariencia arquitectónica. Esta elección evita un acabado brillante total y ofrece al ojo un punto de pausa sin restar protagonismo a las divisiones en paneles ni competir con la textura moteada del cuerpo cerámico.

Las flores, cuando se agregan, cambian mucho la percepción. En las fotografías donde se muestran con ramas dispersas, estas cubren y descomponen las líneas horizontales y verticales estrictas del diseño. La disposición es lo bastante ligera para que el cerámico siga siendo visible, lo más recomendable frente a ramos densos que podrían ocultar la riqueza de detalles. Algunos elementos florales irregulares permiten que tanto la arquitectura del jarrón como el propio material vegetal mantengan su espacio visual.

Una posible limitación radica en el entorno donde se coloquen estas piezas. Son objetos visualmente complejos, aunque con una paleta escasa. En estanterías ya repletas de libros, coleccionables o cerámicas estampadas, sus huecos y salientes podrían perderse. Por ello, lo ideal sería reservarles un tramo claro de una consola o agruparlos frente a una pared lisa, para que su silueta se aprecie en todo su detalle.

Estas creaciones son piezas de cerámica física y no simples propuestas digitales o renders. Además, han sido seleccionadas para la exposición «make me! 2026» en el Festival de Diseño de Łódź. Sin embargo, esta inclusión no implica precios confirmados ni disponibilidad comercial, especialmente fuera de Estados Unidos.

Lo más destacado de estos jarrones es la meticulosa atención dedicada a sus lados. Al girarlos, la relación entre la cuadrícula, las hendiduras y los salientes varía, lo que invita a mostrarlos permanentemente y valorar su diseño incluso cuando no contienen flores o ramas. Así, un jarrón vacío no necesita simular que espera su próxima función, sino que se exhibe como una pieza arquitectónica con identidad propia.

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