La espectacular migración de los colibríes en Norteamérica se produce este otoño

Millones de colibríes atraviesan Norteamérica en su migración otoñal hacia el sur, desde Canadá hasta Centroamérica. Estas pequeñas aves realizan un viaje exigente que puede superar los 4.900 kilómetros, dependiendo de la especie. Científicos y aficionados colaboran para protegerlas y facilitar su paso, especialmente con la instalación de comederos y la plantación de flores nativas.

Con la llegada del otoño en Norteamérica, millones de colibríes emprenden su migración hacia climas más cálidos. Más de una docena de especies de estos diminutos y coloridos viajeros recorren desde Canadá hasta Centroamérica, un trayecto que puede prolongarse hasta finales de octubre. Durante su viaje, estas aves se alimentan de néctar natural o artificial para mantener la energía necesaria para sus vuelos.

La migración comienza generalmente a finales de agosto, siendo los machos los primeros en iniciar el movimiento. Desde entonces, atraviesan los cielos de Estados Unidos y Canadá, deteniéndose en flores y comederos para reponer fuerzas. Este desplazamiento se prolonga durante varios meses, ya que las aves suelen realizar trayectos cortos con múltiples escalas.

Un viaje agotador y peligroso

Algunos colibríes recorren cientos, incluso miles de kilómetros, desde las regiones salvajes del norte de Canadá hasta sus destinos al sur, en México y Centroamérica. Entre las rutas más arriesgadas destaca el vuelo ininterrumpido sobre el Golfo de México, que abarca aproximadamente 1.000 kilómetros. Solo unas pocas valientes especies, como el colibrí garganta rubí, se aventuran por esta vía durante el otoño; el resto prefieren bordear la costa de Texas y México para evitar el cruce.

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Un estudio publicado en 2016 documentó el increíble viaje de un colibrí garganta rubí que recorrió 4.960 kilómetros en su migración otoñal. En promedio, esta especie cubre unos 2.250 kilómetros adelante y otros tantos al regreso, realizando múltiples paradas para alimentarse y recuperar energías.

Tres rutas migratorias principales en Norteamérica

En esta región continentales, las especies de colibríes se distribuyen en tres grandes corredores migratorios:

  • Zona Este: El colibrí garganta rubí es exclusivo del este de las Montañas Rocosas y se encuentra en gran parte de esta zona. Es la especie predominante a lo largo de esta región.
  • Zona Central: Desde Texas central hasta las Rocosas, habitan varias especies, entre ellas el de barbilla negra, el rufous, el de cola ancha, el Calliope y el Allen. Esta área es particularmente diversa, y el Calliope se encuentra mayormente en el norte del corredor.
  • Zona Oeste: Al oeste de las Rocosas, conviven numerosas especies como el colibrí de Anna, que no migra y permanece todo el año, junto con el de Allen, el de barbilla negra, el Costa, el de garganta azul, el rufous y el de cola ancha.

La ayuda humana, fundamental para su supervivencia

Para prepararse para el arduo viaje, los colibríes necesitan duplicar su peso mediante un aporte abundante de alimento y un hábitat adecuado. Los comederos específicos para colibríes, con soluciones de agua y azúcar que imitan el néctar natural, se han convertido en una herramienta esencial. Estos comederos deben instalarse siguiendo recomendaciones para evitar enfermedades y atraer insectos no deseados como las abejas.

Además, plantar especies nativas de flores en jardines y parques aumenta la disponibilidad de néctar y refugios naturales para estos pequeños viajeros. Las flores de colores rojos, naranjas y amarillos son especialmente atractivas para ellos, que complementan su dieta con pequeños insectos.

Organizaciones como la Missouri Prairie Association y la California Native Plant Society ofrecen guías específicas para crear espacios amigables para colibríes según la región. Por ejemplo, en la región central y occidental del país, se recomiendan plantas nativas que florecen durante la migración para favorecer su paso.

Colaboración ciudadana y ciencia para seguir su ruta

Iniciativas de ciencia ciudadana como Journey North y Project FeederWatch invitan a los observadores de aves a registrar sus avistamientos, contribuyendo al seguimiento en tiempo real de la migración. Estos proyectos promueven un equilibrio entre la interacción humana y el respeto al bienestar de las aves.

Expertos señalan que la alimentación suplementaria mejora la supervivencia y reproducción de las aves, pero enfatizan la necesidad de prácticas responsables para evitar efectos negativos. Esto incluye mantener comederos limpios y utilizar recetas adecuadas para el néctar.

En resumen, la migración otoñal de los colibríes es un espectáculo natural que involucra a numerosas especies en un viaje heroico desde el norte canadiense hasta las cálidas tierras centroamericanas. La participación activa de las personas resulta fundamental para asegurar que estos valientes viajeros tengan las energías y el apoyo necesario para completar su ruta anual.

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