La temporada de huracanes en el Atlántico bate récord al no registrar ningún huracán hasta la fecha

La temporada de huracanes en el Atlántico de 2026 ha establecido un nuevo récord al ser la más tardía en la formación del primer huracán desde que existen observaciones satelitales en 1966. A pesar de la ausencia de huracanes, la temporada aún no ha terminado y las previsiones advierten de la posibilidad de tormentas posteriores.

Hasta la mañana del 11 de septiembre de 2026, la temporada de huracanes en el Atlántico ha marcado un hito histórico al alcanzar el período más largo sin registrar un solo huracán desde el inicio de la era satelital en 1966. Según informó el Centro Nacional de Huracanes (NHC) en sus redes sociales, se ha superado el récord anterior, compartido por los huracanes Gustav en 2002 y Humberto en 2013, los cuales se formaron ambos el 11 de septiembre en sus respectivos años.

A pesar de esta notable tranquilidad atmosférica, es fundamental resaltar que aproximadamente la mitad de la actividad típica de una temporada de huracanes se produce después de esta fecha. De hecho, en toda la era satelital jamás se ha registrado una temporada sin al menos dos huracanes. Por ello, las autoridades meteorológicas insisten en que la población se mantenga vigilante y preparada ante posibles eventos posteriores.

Durante los primeros meses de esta temporada se han formado cinco tormentas tropicales con nombre: Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly y Edouard, pero ninguna ha alcanzado la categoría de huracán. El período de calma previsto para los próximos siete días parece prolongar esta tendencia inusual.

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El fenómeno El Niño, clave en la atípica temporada

Uno de los factores principales que explican esta temporada extraordinariamente tranquila es el fenómeno meteorológico conocido como El Niño. Este se manifiesta cuando las aguas superficiales del Pacífico oriental, frente a la costa de Sudamérica, registran temperaturas superiores a lo habitual, lo que altera los patrones oceánicos y atmosféricos convencionales.

Normalmente, esa región experimenta una ascensión de aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades, un proceso conocido como afloramiento. Sin embargo, durante El Niño, dicho afloramiento se bloquea, afectando la vida marina y los ecosistemas locales, así como la pesca.

Además, El Niño influye directamente en la atmósfera, provocando cambios notables en las precipitaciones y temperaturas a nivel global, y especialmente incrementando la cizalladura del viento, o cambio en la velocidad y dirección del viento, entre 1.500 y 10.700 metros de altitud. Este factor resulta crucial para el desarrollo de huracanes.

En el Atlántico, la cizalladura asociada a El Niño suele ser especialmente intensa, generando condiciones atmosféricas que dificultan la formación o la intensificación de ciclones tropicales. Una depresión en forma de vaguada en la circulación del viento sobre el Caribe y el Atlántico occidental incrementa esta cizalladura, que puede romper las tormentas o impedir que surjan. Además, El Niño fomenta la entrada de aire descendente, indicador de alta presión atmosférica, incompatible con el desarrollo de sistemas de baja presión masivos como los huracanes.

Por el contrario, el Pacífico se beneficia de El Niño con la creación de una cresta atmosférica que reduce la cizalladura del viento en esa región, favoreciendo el surgimiento y la evolución de huracanes con condiciones más propicias para su crecimiento.

Revisión a la baja de las previsiones

Ante el establecimiento de las condiciones de El Niño esta temporada, la Universidad Estatal de Colorado (CSU) actualizó a la baja su pronóstico inicial para la temporada de huracanes en el Atlántico. Mientras en abril se esperaban 13 tormentas nombradas y dos huracanes mayores, la revisión del 8 de julio redujo estas cifras a nueve tormentas y tan solo un huracán mayor.

Este descenso coincide con los pronósticos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que también anticipaba una temporada por debajo del promedio tanto en el número de tormentas tropicales como de huracanes.

Sin embargo, las autoridades meteorológicas insisten en la necesidad de mantener la precaución, recordando que basta un solo huracán que impacte en la costa para que la temporada sea significativa para las comunidades afectadas.

Detalles sobre la temporada y categorías de huracanes

La temporada oficial de huracanes se extiende desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre. NOAA prevé para el 2026 entre 8 y 14 tormentas con nombre en total, de las cuales entre 3 y 6 podrían convertirse en huracanes, y de 1 a 3 podrían alcanzar categoría mayor (categorías 3, 4 o 5).

Las categorías mayores corresponden a huracanes con vientos sostenidos de:

  • Categoría 3: entre 180 y 209 km/h (111-129 mph)
  • Categoría 4: entre 210 y 250 km/h (130-156 mph)
  • Categoría 5: más de 251 km/h (157 mph)

Estas intensidades presentan elevados riesgos para las zonas costeras y poblaciones vulnerables.

Recomendaciones y seguimiento

Para aquellos interesados en mantenerse informados sobre la evolución de las tormentas y huracanes, se recomienda consultar regularmente la página oficial del Centro Nacional de Huracanes (NHC), que ofrece pronósticos para las regiones del Atlántico, Pacífico y Pacífico Central, con actualizaciones a 2 y 7 días.

Este inusual hito en la temporada de huracanes 2026 marca el periodo más extenso sin formación de huracanes registrado desde que existe observación satelital, pero las autoridades recuerdan que el riesgo persiste y que la preparación sigue siendo fundamental para minimizar daños y proteger vidas.

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