Las pymes británicas, las más expuestas a ciberataques a nivel mundial

El 38 % de las pequeñas y medianas empresas (pymes) del Reino Unido sufrieron ciberataques el último año, superando la media global del 29 %. A pesar del alto riesgo, muchas carecen de un seguro adecuado y destinan menos recursos a reparar las consecuencias que otras empresas internacionales.

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) en el Reino Unido están enfrentando una situación alarmante: casi dos de cada cinco fueron víctimas de ciberataques en el último año, una tasa del 38 % que las convierte en las más vulnerables del mundo según el último informe anual de preparación cibernética de Hiscox.

A nivel global, el 29 % de las organizaciones han sufrido un ciberataque exitoso en ese mismo periodo, pero el porcentaje en el Reino Unido destaca por encima de cualquier otro país, situando a sus pymes en una posición especialmente frágil.

En términos económicos, las empresas británicas afectadas gastan menos para mitigar los daños. El coste promedio por incidente en el Reino Unido ronda los 35.908 dólares, frente a los 52.000 dólares que se estiman como media global. Además, cada ataque genera un promedio de 32 horas de interrupción en las operaciones, un tiempo durante el cual la actividad empresarial se detiene provocando pérdidas directas e indirectas.

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Jamie Akhtar, CEO y cofundador de Cybersmart, indica que aunque los costes individuales pueden parecer más bajos en territorio británico, el elevado volumen de empresas comprometidas significa que muchas más compañías enfrentan estas pérdidas.

La preocupación se extiende a la falta de cobertura adecuada contra riesgos cibernéticos. De acuerdo con Hiscox, solo cuatro de cada diez pequeñas empresas en el Reino Unido cuentan con un seguro específico para ciberataques. Por contraste, esta protección alcanza al 63 % de las medianas empresas y cerca del 70 % de las compañías que forman parte del índice FTSE 100.

Curiosamente, el gasto en ciberresiliencia de las pymes británicas supera la media mundial. Invierten alrededor de 59.700 dólares frente a los 51.000 dólares a nivel global, siendo el tercer país con mayor inversión. Más del 50 % están implementando nuevas tecnologías, un 55 % aumenta plantilla especializada en seguridad y un 62 % mejora la formación de sus empleados para hacer frente a estas amenazas.

Sin embargo, no está clara la causa que sitúa al Reino Unido en esta posición de vulnerabilidad. Keven Knight, CEO de Talion Cyber Security, señala que podría deberse a factores como la inestabilidad geopolítica o la ola de ataques a comerciantes experimentada el año anterior, que habría alentado a atacantes a centrarse en compañías del área.

Asimismo, la relación entre la ciberseguridad y la remuneración de los altos ejecutivos también presenta diferencias. A nivel mundial, el 32 % de las compañías vincula la compensación de sus directivos al rendimiento en ciberseguridad, mientras que en el Reino Unido este porcentaje desciende al 25 %.

Las consecuencias negativas de los ciberataques son evidentes para las pymes. Un 32 % ha tenido que retrasar planes de crecimiento o ampliación, y el 31 % ha visto aumentar sus costes de personal debido a estas incidencias. Además, el 30 % experimentó daños económicos directos y un 29 % perdió oportunidades de negocio.

El impacto más acusado, según el 48 % de las empresas encuestadas, recae en la pérdida de reputación y la confianza de los clientes, una amenaza difícil de cuantificar pero crucial para la continuidad. “No se trata solo de contener un ataque y seguir adelante, eso sería ingenuo y poco realista”, comenta Knight. “El mayor daño llega en la etapa posterior al incidente, cuando las organizaciones deben afrontar pérdidas financieras y tiempos de inactividad operativa.”

Este tiempo de interrupción significa no solo estar bloqueados fuera de sistemas informáticos, sino afectar gravemente la prestación del servicio y la capacidad del personal para realizar su trabajo, así como la imposibilidad de los clientes para acceder a productos o servicios. Cada minuto de paralización implica una pérdida económica directa para la empresa, creando un efecto dominó difícil de revertir.

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