Los agujeros negros supermasivos que habitan el centro de nuestra galaxia funcionan como auténticas centrales energéticas cósmicas, comparables a las mitocondrias del universo. La mayor parte de la energía que emiten proviene del material que los rodea: plasma extremadamente caliente en sus discos de acreción, que interactúa con campos magnéticos intensos.
Sin embargo, existe un mecanismo aún más directo para extraer energía de un agujero negro, conocido como el proceso de Penrose. Propuesto inicialmente en la década de 1960, este proceso aprovecha la rotación del agujero negro para generar energía extraída de su propio momentum angular, mediante interacciones en su ergosfera.
Un equipo de investigadores ha planteado una nueva pregunta: ¿es posible detectar alguna señal observable que confirme la existencia de este proceso? Su estudio sugiere que sí, y que una de las pistas podría hallarse en la emisión de neutrones ultrarrápidos y altamente energéticos provenientes del entorno inmediato del agujero negro giratorio.
El centro de la Vía Láctea alberga un agujero negro supermasivo, conocido como Sagitario A*, que se considera un PeVatron galáctico, capaz de acelerar partículas hasta petaelectronvoltios (PeV), niveles de energía excepcionalmente altos. Los expertos postulan que las interacciones en la región del disco de acreción y la ergosfera pueden producir neutrones que transportan energía directamente extraída del agujero negro en rotación, siendo estos neutrones una firma energética única y detectable.
Detectar estos neutrones con energías extremas podría representar una prueba directa de la actividad dinámica y energética de agujeros negros giratorios y del proceso de Penrose en funcionamiento real. Además, abriría una ventana para entender la fuente de las partículas cósmicas más energéticas registradas en la galaxia, y su impacto en el medio galáctico.
Este hallazgo no sólo profundiza en la comprensión de los mecanismos de aceleración de partículas en nuestro entorno cósmico, sino que también subraya la compleja relación entre la gravedad extrema, la magnetohidrodinámica del plasma y las partículas subatómicas en el corazón de la Vía Láctea, revelando una extraordinaria fábrica energética a escala galáctica.