En 2013, los astrónomos sorprendieron al descubrir que Chariklo, un pequeño cuerpo rocoso clasificado como centauro que orbita entre Saturno y Urano, poseía un sistema de dos anillos. Hasta ese momento, solo se conocían anillos en planetas gigantes como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, por lo que éste hallazgo supuso un antes y un después en el estudio de los cuerpos menores del sistema solar.
Ahora, un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía en España y basado en observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST) en octubre de 2022, revela que estos anillos no son sistemas estáticos, sino que muestran cambios sorprendentes en su opacidad en tan solo unos años. Publicada el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances, esta investigación aporta datos fundamentales para entender la dinámica y evolución de los anillos alrededor de cuerpos tan pequeños.
Chariklo, con un diámetro aproximado de solo 250 kilómetros, es ya un enigma en sí mismo por poseer anillos, pero resulta aún más llamativo que estos hayan sufrido alteraciones en períodos breves. Según Pablo Santos-Sanz, investigador principal del estudio, la opacidad del anillo interior se ha incrementado notablemente, mientras que la del anillo exterior ha disminuido en comparación con observaciones realizadas en la última década mediante ocultaciones estelares.
La técnica de ocultación estelar consiste en medir cómo disminuye la luz de una estrella cuando un objeto, como Chariklo, pasa frente a ella. Esta metodología permite analizar con gran precisión las características de los anillos, incluido su nivel de transparencia o densidad.
Estos cambios sugieren que los anillos de Chariklo son inestables, un concepto que contradice la idea tradicional de que los anillos alrededor de cuerpos pequeños permanecen relativamente constantes en el tiempo. «Nuestros resultados nos obligan a replantear cómo se forman, evolucionan y qué mecanismos mantienen la estabilidad de estos sistemas», afirma Santos-Sanz. La capacidad de detectar variaciones en su opacidad abre una puerta para comprender mejor la evolución de los anillos no solo de Chariklo, sino también de otros cuerpos en diferentes zonas del sistema solar.
La precisión de las observaciones del JWST se debe a una combinación excepcional: conocer con exactitud la órbita de Chariklo, la posición de la estrella (gracias a la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea) y la trayectoria del propio telescopio alrededor del punto de Lagrange L2, situado a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra y donde el JWST realiza su órbita. Esta fue la primera ocultación estelar planificada con antelación desde el JWST, un reto logístico y técnico que evidencia la avanzada capacidad de este observatorio espacial para estudiar objetos pequeños y lejanos.
El descubrimiento de la dinámica de los anillos de Chariklo plantea nuevas interrogantes: ¿cómo se originaron estos anillos en un cuerpo tan pequeño? ¿Qué procesos internos o externos provocan las modificaciones observadas? Las futuras observaciones y análisis ayudarán a desvelar estos misterios y podrían aportar pistas sobre otros sistemas anulares de nuestro vecindario cósmico.
En definitiva, Chariklo se presenta como un laboratorio natural excepcional para estudiar la física de anillos en cuerpos menores y entender los procesos que modulan su estabilidad y evolución a escalas de tiempo relativamente cortas.