Nuevo modelo para exoplanetas habitables reduce las opciones en la búsqueda de vida

Científicos de Stanford han desarrollado un innovador modelo que identifica qué planetas rocosos, similares a la Tierra, tienen mayor probabilidad de mantener atmósferas capaces de sustentar vida. Este avance afina la exploración del cosmos en la búsqueda de mundos habitables.

La búsqueda de vida más allá de nuestro sistema solar ha dado un paso adelante con el desarrollo de un modelo que evalúa la habitabilidad de exoplanetas rocosos, centrado especialmente en su tamaño y características atmosféricas. Investigadores de la Universidad de Stanford han presentado el modelo denominado Smaller Than Earth Habitability Model (STEHM), destinado a identificar qué planetas, desde la mitad hasta el tamaño de la Tierra, podrían conservar una atmósfera que permita la vida.

En nuestra galaxia, los planetas con superficies sólidas son abundantes, lo que supone una buena base para la búsqueda de entornos similares a la Tierra. Sin embargo, no todos reúnen las condiciones para ser habitables. La clave para establecer un posible soporte vital radica en la atmósfera del planeta. Según Michelle Hill, líder del estudio, la única vía para detectar señales de vida en exoplanetas es a través de la observación detallada de sus atmósferas, ya que no es viable enviar naves para explorarlos directamente.

El modelo STEHM, publicado en junio de 2026 en The Planetary Science Journal, examina cómo el tamaño y la masa de un planeta afectan su capacidad para retener una atmósfera, especialmente considerando que los planetas más pequeños pueden perderla rápidamente, sobre todo si orbitan en torno a estrellas de baja masa como las enanas rojas, famosas por su intensa actividad de radiación y estallidos solares.

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Para el desarrollo del modelo, el equipo creó seis perfiles teóricos de planetas con radios que oscilan entre la mitad y el 100% del tamaño terrestre. Estos mundos hipotéticos tenían atmósferas compuestas predominantemente por dióxido de carbono y se clasificaron como planetas con «corteza rígida» o «stagnant lid», es decir, sin actividad tectónica superficial — a diferencia de la Tierra, que posee placas tectónicas en constante movimiento.

Los resultados muestran que los planetas con un radio igual o superior al 80% del de la Tierra son capaces de mantener su atmósfera durante al menos 10.000 millones de años, siempre que se sitúen a una distancia adecuada de su estrella, evitando la pérdida atmosférica por exceso de radiación. En cambio, aquellos con radio menor a ese umbral podrían perder su atmósfera en menos de 1.000 millones de años, aunque existe cierta flexibilidad para planetas que tengan un radio aproximado al 70% del terrestre, dependiendo de otros factores.

Un aspecto fundamental detectado por STEHM es el papel del carbono y otros elementos radiactivos como el torio, uranio y potasio en el manto planetario. Estos elementos contribuyen a conservar el calor interno, que a su vez impulsa la actividad volcánica necesaria para renovar el dióxido de carbono atmosférico, elemento clave para retener la temperatura y proteger la superficie. Si estos elementos se agotan, el enfriamiento del manto provoca la disminución de la actividad volcánica y con ello la pérdida progresiva de la atmósfera.

El modelo advierte además que un exceso de calor en la etapa inicial de formación planetaria puede ser perjudicial. Los llamados planetas de «inicio caliente» tienen un manto fundido en sus fases iniciales, exponiendo su atmósfera a la radiación estelar, lo cual acorta su duración atmosférica. Aquí juega un papel crucial la ubicación del planeta respecto a lo que se denomina la «zona habitable», es decir, la región alrededor de la estrella donde la temperatura permite la presencia de agua líquida en la superficie sin ser destruida por la radiación extrema.

Interesantemente, STEHM se inspiró en el propio Marte, ya que el equipo investigador quería comprender por qué nuestro vecino rojo no logró conservar una atmósfera densa. El modelo confirma que su pequeño tamaño y la ausencia de actividad tectónica fueron factores decisivos en la pérdida atmosférica marciana. Asimismo, el modelo ha corroborado con éxito la atmósfera densa de Venus, dominada por dióxido de carbono.

Los siguientes pasos para el equipo de Stanford serán expandir el modelo para incluir planetas con corteza móvil, como la Tierra, y comparar esos resultados con los obtenidos para los planetas de corteza rígida, con el fin de afinar aún más la identificación de mundos potencialmente habitables.

En definitiva, STEHM representa una valiosa herramienta para centrar esfuerzos observacionales en exoplanetas que reúnan las condiciones más prometedoras para sustentar vida, reduciendo considerablemente la enorme lista de candidatos y optimizando los recursos de futuras misiones espaciales.

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