El mundo de la relojería fina acaba de recibir un aire fresco gracias a la visión disruptiva de Benoît Mintiens, un diseñador industrial belga que fundó Ressence en 2010 con la misión de reimaginar el reloj mecánico desde cero, como si nunca antes hubiera existido. Ressence, cuyo nombre es un acortamiento de “Renacimiento de lo esencial”, ha logrado romper con siglos de convenciones tradicionales para crear piezas que no se parecen en nada a lo que el público espera ver en su muñeca.
Benoît no comenzó diseñando relojes sino que su experiencia abarca desde trenes de alta velocidad hasta cabinas de avión, dispositivos médicos, artículos de piel o incluso armas de caza. Esta amplia perspectiva le permitió abordar la creación relojera desde un ángulo inédito: no partió del movimiento o la maquinaria, como es usual en este sector, sino de la interacción entre el usuario y el reloj. “Empiezo estableciendo la relación entre tú y el reloj, no con el reloj en sí. Es un paso que casi siempre se pasa por alto”, explica.
Este cambio radical en el proceso creativo —de afuera hacia adentro en vez de dentro hacia afuera— dio lugar a un objeto pensado para desaparecer en la experiencia del usuario. La ergonomía y la conexión emocional son la prioridad máxima para Ressence. “El mejor producto es aquel que olvidas que estás usando, es invisible”, dice Mintiens, cuyo objetivo es precisamente que los usuarios apenas recuerden que llevan un reloj, producto de que la interacción sea sencilla, intuitiva y cómoda.
Desde el punto de vista técnico, esta filosofía se materializa en innovaciones como el sistema orbital convexo, o ROCS, que sustituye las agujas clásicas por discos giratorios, compuestos por cerca de 200 piezas, frente a las apenas cuatro que conforman un reloj tradicional. Este mecanismo, junto con una esfera llena de aceite —una reminiscencia de un viejo compás de navegación utilizado por Benoît en su infancia—, elimina las refracciones y hace que la lectura sea clara desde cualquier ángulo o profundidad, especialmente útil para submarinistas.
El desafío de Ressence va más allá de la innovación estética. La industria relojera ha estado estancada tecnológicamente desde la crisis del cuarzo en los años setenta, donde la precisión y la funcionalidad dieron paso a una estrategia de valor basada en el prestigio, la historia y la emoción. Benoît critica esta deriva: “Hoy en día, no se trata tanto del producto físico, y como diseñador, creo que es una lástima”. Ressence apuesta por recuperar la evolución funcional y técnica, reenfocando el diseño en la experiencia real del usuario, desde la ergonomía hasta la técnica y el contexto social.
Para Benoît, la cercanía que sentimos hacia los relojes mecánicos no es casualidad, sino fruto de lo que él denomina “empatía por los engranajes”. A diferencia de un circuito electrónico, un reloj mecánico revela sus movimientos internos: hace tictac, requiere cuerda y mantenimiento, y exige cierta atención. Estos aspectos, que pueden parecer una limitación, son en realidad los que forjan el vínculo emocional entre la persona y el objeto, y que justifican su permanencia frente a dispositivos digitales mucho más precisos.
Las creaciones de Ressence se producen en edición limitada y a mano en Suiza, aunque diseñadas en Amberes. Cada reloj contiene alrededor de 400 piezas personalizadas fabricadas con tolerancias extremas, y muchas pasan por hasta una docena de especialistas antes de ensamblarse. Esta complejidad se refleja en los tiempos de entrega, que pueden oscilar entre nueve meses y dos años, y explica por qué no son productos de masas sino auténticas piezas de alta gama independientes.
El propio Benoît distingue claramente entre lo que él considera alta gama y lujo: mientras este último apela a lo decorativo y emocional vendiendo estatus, Ressence encarna la sofisticación técnica y funcional al servicio del usuario. Un planteamiento que busca perdurar en el tiempo sin prisas, con un plan de producto ya trazado para los próximos ocho años, sin forzar el reconocimiento de marca, confiando en que la coherencia y la innovación hablarán por sí solas.
Además, Benoît parece explorar nuevos materiales, como el marfil de mamut recuperado en Siberia, cuya estructura considera “muy, muy hermosa”, lo que evidencia su inquietud continua por la estética natural y el detalle artesanal. Ressence mantiene un contacto abierto con su comunidad a través de su tienda en Amberes y sus plataformas digitales, invitando a los interesados a descubrir esta apuesta vanguardista por repensar el tiempo.
Con dos reconocimientos Red Dot Best of Best en 2024 y 2026, Ressence se ha consolidado como una revolución dentro del reloj mecánico, ofreciendo un futuro brillante para quienes creen que la innovación verdadera radica en replantear cómo queremos sentirnos al llevar un reloj, no solo en cómo se ve o funciona.