Tom Pearson ha irrumpido en el mundo del diseño con una colección de mobiliario y luminarias que no solo destaca por su estética, sino también por su manifiesto compromiso con los procesos artesanales y los límites físicos de su espacio de trabajo. Exhibida en la tienda APOC durante el reciente London Design Festival, esta serie presenta exactamente 6.264 remaches, desafiando el título provocador «10.000 remaches» con una ironía juguetona. «¿Dónde estarán el resto?», se pregunta el propio Pearson, dejándonos una pequeña incógnita que refuerza la naturaleza experimental y artesanal de su obra.
Antes de que los ensamblajes tradicionales entraran en juego, hubo un elemento clave que marcó el rumbo del proyecto: un baño de anodizado que Pearson construyó él mismo en su estudio. Si bien la anodización estándar tiende a ofrecer un acabado uniforme y plano, Pearson perseveró para obtener una textura más rica y personal. Aprendiendo autónomamente la técnica, aplicó el tinte de manera manual con pinceles, aerógrafos y pipetas, creando motivos únicos en cada pieza de aluminio, similares a gotas de agua suspendidas en pleno movimiento. Esta irregularidad acentúa la individualidad de cada panel y transmite un vínculo directo con la mano del creador.
Pero el tamaño del baño de anodizado, limitado y fijo, acotó también el tamaño máximo de las láminas de aluminio que podía tratar. Esto impidió que algunas piezas pudieran soldarse sin perjudicar el acabado. Por ello, Pearson recurrió a los remaches: un sistema de unión que podía aplicarse tras la anodización y que terminó siendo la identidad visual fundamental de la colección. Las filas de remaches a la vista, ordenadas en una especie de cuadrícula, cosían las distintas superficies metálicas, haciendo imposible ignorar tanto el proceso como la lógica constructiva de cada pieza.
Esta elección de no disimular las uniones resulta especialmente significativa en un mundo del diseño de mobiliario que tradicionalmente ha preferido ocultar sus métodos de ensamblaje. A diferencia de paneles lisos y fijaciones invisibles que buscan esconder el trabajo técnico, las obras de Pearson exponen abiertamente cada punto de ensamblaje. Cada remache es un testimonio explícito de un proceso desarrollado íntegramente en su pequeño taller del sureste de Londres, sin externalización alguna: desde el baño ácido hasta el último ensamblaje final.
La colección, que se presentó en APOC—aquel espacio híbrido donde convergen la moda contemporánea y el diseño singular—cumplió a la vez una doble función: los muebles sirvieron para exhibir prendas mientras sus estructuras de aluminio captaban la atención de los visitantes por derecho propio. Cada pieza se realiza bajo pedido, fabricada una a una y marcada indeleblemente por cada etapa del proceso —como si de argumentos matéricos se tratase sobre qué puede sostener el metal cuando su creador decide mostrar sin reservas las huellas de su labor.
Tom Pearson, formado en diseño especulativo en el Royal College of Art y cofundador previo del taller de fabricación Jamps Studio, ha puesto en esta serie todo su rigor y caracter artesanal. La colección “10,000 Rivets” representa la materialización palpable de sus conocimientos, con unas limitaciones que no actúan como límites sino como motor de creatividad y singularidad, y un oficio meditado hasta el último detalle.
En definitiva, esta propuesta de Pearson no solo exhibe un mobiliario contemporáneo de aluminio anodizado y remachado, sino que convierte cada objeto en una declaración sobre el valor de la fabricación local, la transparencia en el proceso y la belleza que emerge al hacer visibles las huellas del trabajo manual.