Los pequeños electrodomésticos de cocina suelen padecer un problema de diseño poco discutido: son cuadrangulares, aburridos y su estética busca pasar desapercibida en la encimera. En particular, los tostadores han mantenido durante décadas una configuración básica e impersonal: dos ranuras y una palanca. Esta simplicidad funcional deja un vacío en una cocina que, por lo general, está decorada con objetos que expresan cariño y estilo, como las tazas de cerámica, los paños de cocina estampados o las tablas de cortar de aspecto vintage. El tostador, en cambio, simplemente hace su trabajo sin reclamar ni un mínimo protagonismo visual.
Ese vacío creativo lo llena de forma sorprendente el nuevo concepto diseñado por Kwanghyun Kim: un tostador que adopta la forma de un corgi dormido, representado en la clásica postura conocida como «sploot», en la que el animal estira sus patas delanteras y traseras por el suelo en señal de descanso total. El diseño no solo es un añadido superficial de orejas perrunas, sino una reinterpretación completa del aparato, donde las rebanadas de pan surgen de una ranura situada en la espalda del perro, justo entre sus orejas plegadas, simulando que salen del propio cuerpo del corgi.
La proporción del diseño es clave para captar su esencia. No se trata de un simple tostador con orejas pegadas, sino de una forma baja y redondeada que refleja un corgi en reposo, con las patas delanteras plegadas hacia adelante y la cola recogida en un pequeño bulto que funciona además como asa. La carcasa de plástico incorpora los colores tradicionales del pelaje de un corgi —negro, blanco y marrón claro—, resaltando el hocico blanco y el vientre claro que envuelven la espalda oscura del animal. Este patrón cromático sustituye eficazmente los acabados metálicos que suelen emplearse en los tostadores convencionales, aportando calidez y personalidad.
El detalle revela también un compromiso serio con la ingeniería. En la parte inferior del tostador se aprecian las marcas de certificación, las especificaciones eléctricas y una pequeña nota que atribuye el diseño al Royal College of Art de Londres, mostrando su origen ligado a un proyecto académico riguroso. Esto indica que no se trata solo de un gadget gracioso para viralizar en internet, sino de un ejercicio industrial real, con un mecanismo estándar de tostado integrado —bobinas calefactoras, bandeja para migas y portapanes con resorte— cuidadosamente alojado dentro de la figura del perro. La diversión está solo en el aspecto exterior, mientras que la calidad técnica se mantiene intacta.
El diseño también incorpora una sutil marca de identidad: una pequeña corona situada cerca de la ranura para el pan bajo el nombre ROANG, un guiño implícito a la estrecha relación entre los corgis y la realeza británica, especialmente la Reina Isabel II, conocida por su numeroso grupo de estos perros. Este detalle aporta un trasfondo narrativo al objeto, dotándole de una historia que va más allá de su original forma.
Lo que realmente eleva este diseño de ser una mera novedad adorable a un producto genuino es su simplicidad funcional. No cuenta con luces intermitentes, sensores ni conexión vía app. El tostador se limita a permanecer estático, con la forma entrañable de un corgi al que podrías querer acariciar, y cumple con su función principal de manera discreta y eficiente. Además, las imágenes muestran versiones en varios colores —rosa, rojo, mostaza, lavanda y azul pastel— manteniendo siempre las patas y el hocico blancos, lo que sugiere que el diseñador considera esta propuesta como una línea real de productos y no un prototipo aislado.
La cocina moderna parece preparar el terreno para este tipo de objetos con personalidad. Ya hemos visto cómo el mercado ha adoptado formas novedosas en otros ámbitos, como humidificadores en forma de nubes, lámparas de escritorio con forma de rana o estuches para auriculares que imitan frutas. Sin embargo, los electrodomésticos que realizan funciones técnicas básicas, como cocinar o calentar, han quedado tradicionalmente excluidos de esta tendencia por considerárseles demasiado prácticos o poco propensos a la ternura.
Un tostador con la figura de un perro durmiendo no altera la rutina matutina ni acelera el tiempo de tostado, que continua siendo aproximadamente dos minutos. Sin embargo, sí transforma la experiencia visual mientras esperamos, llenando ese tiempo de una simpatía e interés que antes no existía, aportando un nuevo valor a un objeto que hasta ahora apenas pedía ni ofrecía atención alguna.