Durante décadas, Urano y Neptuno se han considerado planetas «gemelos» debido a sus tamaños similares, además de sus tonalidades azuladas y atmósferas compuestas principalmente por metano, amoníaco y agua. Sin embargo, un reciente estudio internacional publicado el 19 de octubre de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics arroja luz sobre evidentes diferencias en sus orígenes y procesos de formación dentro del sistema solar.
Según el equipo de investigadores liderado por Olivier Mousis, director de programa en el Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) de Boulder, Colorado, aunque Urano parece haberse formado aproximadamente en su ubicación actual, los bloques constituyentes iniciales de Neptuno se originaron mucho más cerca del Sol, para luego migrar hacia el exterior hasta alcanzar su órbita actual.
Esta conclusión se deriva del análisis detallado de la composición atmosférica de ambos planetas, realizando especial énfasis en los compuestos químicos presentes, como el monóxido de carbono (CO), un trazador fundamental para estudiar la química profunda de sus atmosferas que no puede observarse directamente. Para ello, los científicos utilizaron datos recientes obtenidos con el Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array (ALMA) en Chile.
Los resultados indican que la atmósfera de Neptuno contiene una mayor cantidad de oxígeno en comparación con Urano. Este desequilibrio en la proporción carbono-oxígeno sugiere que cada planeta se formó en «depósitos químicos» diferentes dentro del llamado disco protoplanetario — la masa de polvo y gas que rodeó al joven Sol hace miles de millones de años y que originó todos los planetas del sistema solar.
Estas sustancias volátiles, capaces de condensarse en sólidos a distintas distancias respecto al Sol, crearon segregaciones químicas en el disco: mientras Urano se formó en una zona externa donde estos compuestos ya existían en su estado sólido, los materiales primarios de Neptuno comenzaron más cerca, en una región del disco más rica en oxígeno, y posteriormente migraron hacia la periferia.
Mousis explica: «La química de Neptuno dificulta la idea de que se formó en el mismo lugar junto a Urano y desde el mismo reservorio cósmico. Nuestros modelos apoyan la hipótesis de que sus bloques básicos migraron a grandes distancias antes de que Neptuno pudiera acumularlos, delineando así historias evolutivas separadas para estos aparentemente parecidos planetas.»
Este hallazgo contradice la visión tradicional que consideraba a estos dos cuerpos celestes casi idénticos y plantea preguntas clave sobre la evolución dinámica y química de los gigantes helados del sistema solar.
Además, el estudio es particularmente relevante para la comprensión de exoplanetas similares a Urano y Neptuno, muy frecuentes alrededor de estrellas distantes. Estos mundos pueden haber seguido caminos evolutivos igualmente complejos y diversos, lo que subraya la importancia de futuras misiones espaciales, como la misión planificada de la NASA Uranus Orbiter and Probe, cuya fecha estimada de lanzamiento será durante la próxima década.
Por otro lado, investigaciones recientes también han estudiado la apariencia y la composición interna de ambos planetas, desafiando viejas ideas sobre su naturaleza. Por ejemplo, un estudio de 2024 de la Universidad de Oxford reveló que el color real de Neptuno es un verde azulado más claro, muy parecido al de Urano, contrariamente a las imágenes anteriores que lo mostraban con un tono azul oscuro muy intenso.
Asimismo, científicos de la Universidad de Zúrich y el NCCR PlanetS de Suiza propusieron a principios de 2026 que Urano y Neptuno podrían ser en realidad mundos rocosos en su interior, y no gigantes de hielo como se creía tradicionalmente, abriendo nuevas perspectivas sobre su formación y estructura.
En resumen, esta nueva investigación aporta un cambio de paradigma en nuestra comprensión sobre dos de los planetas más misteriosos y alejados de nuestro vecindario solar. Aunque Urano y Neptuno comparten semejanzas superficiales, sus trayectorias evolutivas están marcadas por orígenes muy distintos, reflejando la complejidad y diversidad de procesos que han moldeado nuestro sistema solar a lo largo del tiempo.