Aunque los programas espaciales actuales como Artemis de la NASA apuntan a conquistar la Luna y, a largo plazo, Marte, las preguntas más profundas sobre el universo se plantean más allá del sistema solar. Una de las mayores incógnitas es la naturaleza de la materia: aquello que constituye todo lo que observamos, pero que, sorprendentemente, en su mayoría permanece invisible.
Los físicos calculan que aproximadamente el 85% de toda la materia del cosmos es una sustancia que no podemos ver, ni tocar ni detectar directamente. Esta misteriosa materia se conoce como materia oscura, cuyo único indicio observable es su efecto gravitacional sobre la materia visible.
Observaciones como la rotación acelerada de galaxias, la curvatura inesperada de la luz y la velocidad a la que las galaxias dentro de los cúmulos se desplazan sugieren la presencia de una masa invisible. Estos fenómenos no pueden explicarse solo con la materia que emite luz o radiación detectable. Durante más de cinco décadas, los astrónomos han intentado desentrañar este enigma cósmico, que afecta la forma y evolución del universo desde sus etapas iniciales.
¿Qué es la materia oscura?
La materia que conocemos y experimentamos a diario está formada por átomos, compuestos por protones, neutrones y electrones. En cambio, la materia oscura parece estar compuesta por partículas aún no identificadas, completamente diferentes a las que constituyen el mundo visible.
Este tipo de materia actuó como una especie de andamiaje gravitacional poco después del Big Bang, facilitando la condensación de materia ordinaria en las primeras galaxias y estrellas. Incluso hoy en día, funciona como un “pegamento invisible” que mantiene cohesionados estos sistemas astronómicos. Sin materia oscura, el universo como lo conocemos probablemente no existiría.
Búsqueda indirecta: señales en rayos gamma
Dado que la materia oscura no emite luz, su detección directa es prácticamente imposible. En su lugar, los científicos tratan de identificar señales indirectas, como la radiación gamma que podría generarse cuando partículas de materia oscura se aniquilan mutuamente. Esta aniquilación liberaría rayos gamma de alta energía, que servirían como una firma distintiva de esta sustancia.
Este fenómeno tiene un paralelismo en la medicina, donde los escáneres PET utilizan la radiación producida por la aniquilación de partículas de antimateria (positrones) con electrones para mapear tejidos cancerosos. De manera similar, la detección de rayos gamma en el espacio podría revelar la distribución y naturaleza de la materia oscura.
Señales detectadas en el centro galáctico y en galaxias enanas
El telescopio Fermi-LAT de la NASA, en órbita desde 2008, ha detectado un brillo inexplicado en rayos gamma originado en el centro de la Vía Láctea, una región donde se espera que la materia oscura sea abundante. Sin embargo, este brillo puede también ser producido por objetos astrofísicos comunes, como estrellas de neutrones que giran rápidamente y emiten radiación gamma, dificultando la interpretación de estas señales.
Para resolver esta ambigüedad, los investigadores estudian galaxias enanas cercanas que orbitan la Vía Láctea. Estas contienen materia oscura pero presentan pocos otros emisores de rayos gamma, lo que facilita la identificación de posibles señales asociadas exclusivamente a la materia oscura. Un análisis reciente liderado desde la Universidad de Clemson halló indicios de un exceso de rayos gamma en estas galaxias, consistente con las señales del centro galáctico, aunque aún no es suficiente para confirmar un hallazgo.
El futuro promete respuestas definitivas
El avance en la búsqueda de la materia oscura dependerá de la acumulación de datos y de la mejora tecnológica. El Observatorio Vera C. Rubin, ubicado en Chile, descubrirá nuevas galaxias enanas que ampliarán el campo de estudio. Además, la misión COSI (Compton Spectrometer and Imager), prevista para lanzarse en 2027, ofrecerá una nueva perspectiva del cielo en rayos gamma.
COSI podrá mapear con detalle señales relacionadas con la aniquilación de electrones y positrones en el centro galáctico, fenómeno detectado hace más de cinco décadas pero cuya fuente todavía se desconoce. Al caracterizar estas emisiones, COSI podrá contribuir a desvelar si están vinculadas a la materia oscura y otras señales inexplicables observadas en la Vía Láctea.
¿Materia oscura o fenómenos desconocidos?
La comunidad científica continúa explorando múltiples vías para confirmar si los indicios actuales son realmente huellas de la materia oscura o si, por el contrario, se trata de señales originadas por procesos aún desconocidos en astrofísica. Conforme la humanidad expande sus fronteras hacia la Luna, Marte y el espacio profundo, el estudio del cosmos avanza en paralelo y nos acerca progresivamente a una respuesta sobre uno de los misterios más fundamentales de la física moderna.
Autores: Marco Ajello, Profesor de Física y Astronomía, Universidad de Clemson; Christopher Karwin, Profesor Asistente de Física y Astronomía, Universidad de Clemson.