La historia de Google Glass se ha convertido en una leyenda dentro de Silicon Valley. Un dispositivo adelantado a su época que pasó de ser una revolución a un símbolo de la tecnología mal entendida y el desencaje social. Finalmente, el proyecto se abandonó, dejando un monumento público al futuro que llegó demasiado pronto. Fue un retroceso, una admisión de que ni el mundo estaba listo para llevar un ordenador en la cara ni el ordenador estaba listo para el mundo.
Mientras esta etapa concluía, a miles de kilómetros comenzaba otra historia. Un exejecutivo de Alibaba, inspirado por la audacia inicial de Google, decidió tomar otro rumbo. En vez de perseguir el ruido, se enfocó en utilidad y comodidad. Durante doce años, su empresa, Rokid, abordó problemas humanos que Google había pasado por alto, y en 2026 esa apuesta prolongada parece más un camino sólido que un riesgo improbable.
Rokid ha situado ahora su nueva propuesta en el centro de un ecosistema innovador. Tras las últimas actualizaciones de Gemini presentadas por Google en su conferencia I/O, Rokid ha integrado Gemini Flash 3.5 en sus gafas inteligentes, expandiendo así su visión hacia una inteligencia artificial «agentic». Esto supone un cambio importante: abandonar los asistentes de voz que responden a una orden a la vez para avanzar hacia sistemas que mantienen el contexto, responden de forma ágil y gestionan tareas complejas mediante comandos de voz sencillos. Rokid pretende que sus gafas actúen como la extensión natural e ininterrumpida de la IA conversacional, sin quedar atrapada en la pantalla del móvil.
El enfoque de Rokid se apoya en una estrategia de inteligencia artificial muy amplia. Durante el último año, han posicionado sus gafas como un ecosistema abierto en lugar de un dispositivo cerrado, compatible con ChatGPT, Qwen, DeepSeek y Gemini en distintos productos y regiones. En Asia ya cuentan con una tienda de agentes de IA y han recibido más de 3.000 propuestas para flujos de trabajo agentic, aprobando y publicando más de 400. El siguiente paso es su expansión internacional y ahí la integración con Gemini es más que una actualización, es un puente entre su fortaleza regional y sus ambiciones globales.
El diseño del hardware continúa siendo clave, pues la aceptación de las gafas inteligentes depende en gran medida de si la gente acepta usarlas. Las gafas de Rokid de 2025, equipadas con pantalla, se destacaron por tener un peso récord de solo 49 gramos pese a integrar inteligencia artificial y realidad aumentada. Esta cifra responde a la gran incógnita de la tecnología vestible: cuánto procesamiento puede integrarse en algo que siga pareciendo unas gafas normales. Gracias a este diseño, Rokid recaudó más de seis millones de dólares y ya produce en masa a nivel mundial, mostrando que sus ideas han superado la fase de prototipo.
Para 2026, han lanzado Rokid AI Glasses Style, un modelo diferente destinado a hacer accesible la tecnología inteligente, hasta ahora un nicho restringido por su precio y complejidad. Estas gafas no llevan pantalla y se basan en una interacción por voz, con un precio inicial de 299 dólares. Con solo 38,5 gramos, son incluso más ligeras que el anterior modelo. Su diseño simula unas gafas premium, con bisagras de aleación de titanio, almohadillas de silicona líquida para la nariz y una silueta clásica en forma de D. El interior alberga una arquitectura de doble chip: uno para tareas de bajo consumo continuas y otro para IA y procesamiento de imagen.
Rokid persigue no solo la apertura tecnológica sino también la practicidad. Una de sus mayores fortalezas es su enfoque “primero en lentes graduadas”, tratando la corrección visual como infraestructura fundamental y no como un extra. Style permite soportar prescripciones de hasta ±15.00D, abarcando miopía, astigmatismo, presbicia, lentes progresivas y funcionalidades como fotosensibles y filtros de luz azul. Los usuarios pueden subir la receta óptica online y recibir sus lentes personalizadas en un plazo estimado de 7 a 10 días. Esta atención a detalles cotidianos, aunque parezca menor, es crucial para que las gafas inteligentes dejen de verse como gadgets de nicho y pasen a ser objetos de uso diario.
La accesibilidad es otro pilar central en Rokid. La empresa colabora con Google para desarrollar soluciones específicas para personas con discapacidades visuales y auditivas, y mantiene un mensaje claro: no dejar a nadie atrás. Para personas con baja visión o ceguera, sus gafas basadas en audio pretenden actuar como ojos digitales, y la compañía ofrece una pequeña subvención al adquirirlas para este colectivo. Este compromiso social aporta un propósito más tangible que la mayoría de lanzamientos de wearables, que suelen quedarse en exclusivas características para creadores o estilos de vida.
En cuanto a funciones para creadores de contenido, Style incluye un sensor Sony de 12 megapíxeles, grabación en 4K, audio en abierto (open-ear) y un sistema de imagen en tres formatos (3:4, 4:3 y 9:16). El planteamiento de Rokid es claro: el contenido debe estar listo para Instagram, TikTok o YouTube en el momento de la captura, sin recortes ni necesidad de edición adicional. Las gafas admiten interacciones por voz en 12 idiomas y traducción en 89, e incorporan gestos con la cabeza y atajos de IA para controlar el dispositivo sin manos, como asentir para responder llamadas o negar con la cabeza para colgarlas, además de solicitar ayuda en el idioma propio del usuario.
En conjunto, Rokid busca redefinir las gafas inteligentes no como un accesorio futurista, sino como la próxima interfaz natural para la inteligencia artificial. Esa es la verdadera continuación del legado de Google Glass: mientras Google mostró el impacto cultural de poner un ordenador en la cara, Rokid trabaja en el aspecto práctico que convierte esa idea en hábito diario: comodidad para llevarlas puestas, soporte para lentes graduadas, acceso abierto a IA y softwares contextuales. El sueño original no ha desaparecido, solo requería monturas más ligeras, el momento adecuado y una empresa con paciencia suficiente para invertir doce años en desarrollar la versión que la gente finalmente quiera usar.