La inteligencia artificial (IA) se encuentra en un punto de inflexión económico crucial: para justificar la enorme inversión que requerirá, tendrá que generar ingresos en torno a los 4 billones de dólares mediante aplicaciones y servicios aún por descubrir. Según el último informe tecnológico de Bain & Company, el gasto global en infraestructuras para IA alcanzará los 1,5 billones de dólares anuales dentro de cinco años.
Este estudio destaca que el tamaño y coste de los centros de datos especializados en inteligencia artificial se duplica aproximadamente cada 12 a 16 meses. Por ejemplo, el centro Prometheus de Meta, con una capacidad de 600 MW, costó cerca de 24.000 millones de dólares en su construcción el año pasado. Se prevé que los centros que están en desarrollo ahora, con capacidad entre 1 y 2 GW, tengan un coste situado entre 40.000 y 80.000 millones de dólares, mientras que el más ambicioso, con 9 GW, podría llegar a los 200.000 millones en 2030.
La predicción que realiza Bain apunta a que el gasto anual en infraestructuras dedicadas a inteligencia artificial superará los 1,5 billones de dólares en 2031, sumando la construcción de nuevos centros, la adquisición de capacidad computacional y la mejora de hardware como GPU, memoria y equipos de red.
El coste se dispara y plantea interrogantes
Esta cifra representa el doble del gasto estimado para este año, que Bain calcula en 780.000 millones de dólares en inversión de capital entre los cinco principales proveedores de servicios en la nube, aunque esa cifra incluye inversiones más amplias que solo IA. Otras consultoras ofrecen perspectivas similares: IDC prevé 497.000 millones, mientras que Gartner estima que la inversión en IA superará el billón de dólares en 2026, incluyendo un abanico mayor de equipos.
El consenso entre analistas es un crecimiento astronómico en los próximos años: Bain prevé duplicar el gasto a 1,5 billones para 2031, IDC apunta a 1,2 billones en 2030 y Gartner pronostica que la inversión total en IA se duplicará en solo dos años.
Este contexto despierta una cuestión crítica: ¿puede la inteligencia artificial generar beneficios suficientes para cubrir estos costes masivos? Bain responde afirmativamente, aunque advierte que el proceso debe acompañarse de desarrollos comerciales importantes y sostenibles.
¿Cómo pagará la IA su infraestructura?
Los expertos de Bain explican que habitualmente el gasto de capital (CapEx) de los proveedores en la nube representa alrededor del 25% de sus ingresos industriales. Por tanto, para sostener este nivel de inversión, la IA debería generar aproximadamente 6 billones de dólares en ingresos para 2031.
El informe vislumbra que los productos de IA dirigidos a consumidores podrían aportar entre 200.000 y 400.000 millones de dólares en ingresos para entonces, gracias a suscripciones y publicidad integradas. Además, la adopción empresarial añadiría entre 1 y 1,4 billones gracias a las mejoras de productividad que la IA puede brindar en áreas como desarrollo de software, ventas, marketing, atención al cliente y operaciones IT.
Aun así, faltaría un espacio de ingresos de alrededor de 4,2 billones de dólares. Bain proyecta que esta brecha se llenará con cuatro grandes categorías emergentes.
La primera es el ámbito de búsqueda y publicidad, estimado entre 100.000 y 200.000 millones, donde la publicidad integrada en chatbots disruptirá el tradicional modelo de búsqueda online. Luego, podrían generarse 400.000 millones mediante operaciones autónomas en vehículos, drones, robotaxis y logística. La inteligencia artificial aplicada al mundo físico sumaría 900.000 millones más gracias a simulaciones, gemelos digitales y el despliegue de robots, incluidos humanoides.
Finalmente, según Bain, aproximadamente 2,7 billones provendrán de nuevos desarrollos de productos en campos tan diversos como la investigación farmacéutica o las ciencias de materiales.
El mensaje clave es que la IA no es solo una cuestión de reducir costes o mejorar procesos existentes: las empresas deben apostar por una innovación disruptiva que genere ingresos completamente nuevos y significativos.
«Para obtener un retorno de inversión real en infraestructura de IA, se requieren billones en nuevos ingresos y no solo ahorros de costes», concluye el informe. «Se necesita una ola de innovación comparable a la que trajeron la movilidad y la nube, y no solo una mejora incremental de la productividad de las operaciones actuales.»
El desafío de la industria tecnológica
Mientras la industria tecnológica busca aumentar sus ingresos vía IA, la misma tecnología está impactando negativamente los márgenes de otras áreas. Por ejemplo, el crecimiento en ingresos por software ha frenado bruscamente, pasando del 20% anual en 2022 a la mitad de esa cifra el pasado año. No obstante, Bain señala que la IA agentiva podría abrir una oportunidad valorada en 100.000 millones para proveedores de Software como Servicio (SaaS).
Más allá de los números, el informe también advierte sobre importantes limitaciones estructurales para esta expansión. La construcción masiva y acelerada de centros de datos, con un coste en torno a 5 billones de dólares, enfrenta desafíos como la disponibilidad de energía, la escasez de microchips, la falta de trabajadores cualificados y restricciones administrativas.
Bain destaca que, aunque algunos proyectos han encontrado soluciones puntuales, estas prácticas no pueden aplicarse a gran escala sin generar conflictos. Por ejemplo, el centro Colossus de xAI (ahora parte de SpaceXAI) se construyó en menos de un año utilizando una antigua fábrica y decenas de turbinas de gas sin permisos federales de emisiones, lo que ha provocado una demanda legal.
Los analistas advierten que alcanzar las ambiciones globales de la IA requerirá soluciones de sistema a nivel político y económico, más allá del paradigma habitual de libre mercado. El informe apunta que sin cambios profundos en la estrategia y planificación empresarial, muchas iniciativas corren el riesgo de quedar obsoletas o enfrentar obstáculos insalvables.