Desde la orilla del río en Buckinghamshire, Formosa parece una vivienda ribereña contemporánea más, con su tejado a dos aguas, grandes ventanales y relación directa con el jardín. Sin embargo, esta casa de 225 metros cuadrados y tres plantas, diseñada por Baca Architects junto al río Támesis, esconde bajo su estructura una innovación radical: está construida sobre un muelle de hormigón impermeable que permite que la vivienda se eleve cuando el río se desborda.
El terreno donde se edificó está dentro de una zona inundable, lo que planteaba un dilema difícil. Elevar la casa de forma fija para evitar daños durante las crecidas habría implicado situar la planta principal casi una altura completa por encima del jardín, rompiendo la conexión con el paisaje. En cambio, Baca Architects apostó por un diseño que mantiene la vivienda cerca del suelo bajo condiciones normales y solo se eleva cuando el agua así lo exige. La planta baja se encuentra aproximadamente a un metro del nivel del terreno, facilitando una relación directa entre la casa, sus terrazas y el río.
El mecanismo es sencillo y eficiente. Bajo la casa hay un pontón de hormigón que actúa como base flotante. Cuando el Támesis sube y la balsa se llena de agua, la flotabilidad hace que la vivienda se eleve lentamente. Cuatro postes verticales, conocidos a veces como “delfines”, mantienen la estructura alineada y evitan que se desplace u oriente incorrectamente mientras sube. Los servicios básicos, como electricidad y agua, están conectados mediante sistemas flexibles que se adaptan a la variación de altura sin perder funcionalidad. Actualmente, Formosa puede alcanzar hasta 2,7 metros de elevación. Los arquitectos confirman que durante las graves inundaciones de invierno de 2019 y 2020, la casa cumplió perfectamente con esta función de elevarse y descender.
Lo más interesante del proyecto es que este sistema no requiere una atención constante por parte de sus habitantes ni complejas operaciones. La fuerza que hace subir la casa proviene del propio río. El diseño del pontón y su lastre garantizan estabilidad, mientras que las guías verticales controlan el movimiento. Esta solución se prueba periódicamente llenando la balsa para asegurar que la vivienda flote sin problemas. En definitiva, Formosa no es una máquina disfrazada de hogar, sino una vivienda concebida para convivir y adaptarse al comportamiento natural del agua.
El jardín también forma parte de este sistema. Los niveles en terrazas dibujan un paisaje intuitivo que permite anticipar el aumento del nivel del agua antes de que llegue a la casa. Elementos tradicionales como juncos, arbustos y césped, junto a la configuración variable del terreno, crean un aviso visual y natural sobre las crecidas, estableciendo una relación esperada y armónica con la presencia del agua en lugar de considerarla un elemento a rechazar.
La lógica constructiva se comprende claramente en los cortes seccionales, que desglosan los componentes claves: protección solar, pontón flotante, jardín escalonado, acceso para mantenimiento, conexiones flexibles y espacio para servicios técnicos. Cada parte cumple funciones habituales de arquitectura o ingeniería, pero combinadas permiten que la vivienda cambie de posición sin afectar su uso diario.
Por supuesto, esta adaptabilidad tiene un coste. Los arquitectos estiman que el sistema anfibio aumentó en un 20% el presupuesto en comparación con una casa convencional con sótano similar. Las cimentaciones especiales, la balsa de hormigón, la construcción adaptada a un nivel freático alto, las conexiones móviles y la planificación para inundaciones añaden complejidad y gasto. Sin embargo, este sobrecoste se justifica por la capacidad de la vivienda para mantener una conexión diaria con el terreno y solo elevarse cuando es estrictamente necesario, evitando el aislamiento de un espacio permanentemente alzado.
Formosa representa así una visión de la resiliencia frente al cambio climático y la incertidumbre ambiental que no se basa solo en la defensa pasiva o la resistencia, sino en la capacidad de adaptarse y moverse. Desde el jardín, la casa parece sólida y cercana a la tierra; cuando el Támesis crece, la vivienda se eleva discreta y eficazmente, mientras las conexiones y guías aseguran su posición. Una vez que el nivel del río baja, la casa desciende y vuelve a su lugar original sin intervenciones.
Este proyecto abre una reflexión sobre cómo la arquitectura puede adaptarse con elegancia y funcionalidad a los retos que plantean las inundaciones, demostrando que las viviendas pueden coexistir con el medio natural sin tratar de combatirlo, sino acompañándolo en su dinámica.