Con el cambio estacional, los cielos veraniegos desaparecen para dar paso a las noches otoñales, y con ellas, la temporada de playoffs de béisbol en todo su apogeo. Este fenómeno astronómico coincide con una curiosa imagen en el cielo: el Gran Cuadrado de la constelación de Pegaso que, al atardecer, parece transformarse en un enorme diamante de béisbol.
Durante el fin de semana, tras localizar la brillante luz dorada del planeta Saturno en el este, solo hay que girar la vista hacia la izquierda para descubrir un enorme cuadrado formado por cuatro estrellas que se eleva lentamente en el firmamento. A simple vista puede pasar desapercibido, pero este cuadrado es en realidad el contorno del Gran Cuadrado de Pegaso, también conocido como el diamante de béisbol del universo.
¿Qué tiene que ver Pegaso con el béisbol? La respuesta es sencilla: los campos de béisbol tienen forma de diamante, que en términos geométricos es un cuadrado girado 45 grados. Durante octubre, este cuadrado estelar se ubica en el horizonte con una orientación que recuerda exactamente esa figura, donde la base corresponde al home plate (el plato de bateo), mientras que las esquinas superiores se asemejan a las bases segunda y tercera.
Conforme avanza la noche y la temporada, el diamante cósmico gira hasta volver a una forma cuadrada convencional, dando la sensación de que en algún rincón de la galaxia se disputa un partido de astro-béisbol (¿o debería decir espacio-béisbol?).
Las estrellas que forman el Gran Diamante
Las cuatro esquinas de este diamante están formadas por estrellas de magnitud 2 y 3, ubicadas a cientos de años luz de distancia. Detrás de home plate se encuentra Algenib, una estrella antigua y grande, con un tamaño cinco veces superior al del Sol. Continuando alrededor del diamante, Markab ocupa la posición correspondiente a la primera base, mientras que la gigante roja Scheat brilla en la segunda base.
En la tercera base está Alpheratz, una estrella especial que, a pesar de su nombre árabe que significa «el ombligo del caballo», no pertenece en realidad a Pegaso sino a Andrómeda, justo en el límite entre ambas constelaciones. Durante muchos años, fue considerada parte de ambas.
Alpheratz destaca por su tono frío y apagado, y es también una guía clave para encontrar la famosa galaxia de Andrómeda con binoculares o pequeños telescopios, situada a un par de millones de años luz de distancia. Desde ahí, una línea de estrellas continúa hacia el noroeste, formando el resto de la constelación de Andrómeda, conocida como la Dama Encadenada, hogar de la mencionada galaxia Messier 31.
Haz que el cielo sea tu propio juego
Muchos años atrás, antes de aprender sobre constelaciones o astros, el autor de esta historia recuerda mirar al cielo distraídamente mientras veía un partido de la Serie Mundial entre los Brewers y los Cardinals. Aunque fan de los Yankees, el aburrimiento lo llevó a un descubrimiento fascinante: creó su propio asterismo, una figura estelar, usando esos puntos brillantes para representar un diamante de béisbol. Esa libertad de interpretación es una de las maravillas de observar el cielo nocturno: apagar las luces, dejar atrás las noticias y hacer del firmamento un espacio personal y creativo.
Recordar aquella tarde de 1982 y seguir viendo esas estrellas con la misma imaginación es un placer que se comparte con quienes aman tanto el béisbol como la astronomía. Este fin de semana, una buena idea es invitar a un niño o a alguien apasionado por el béisbol a salir, mirar al cielo y mostrarle el diamante de béisbol más gigantesco del universo.
En definitiva, el Gran Cuadrado de Pegaso girado en octubre es un diamante celeste que rinde homenaje a la Serie Mundial, uniendo deporte y astronomía en una alianza única cada año bajo el cielo estrellado de otoño.