Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra en la costa de la actual península de Yucatán, México. Este evento catastrófico lanzó enormes cantidades de escombros a la atmósfera, bloqueando la luz solar durante años y desencadenando la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.
Sin embargo, según una reciente investigación llevada a cabo por la Universidad de Glasgow, Escocia, ese mismo impacto creó, bajo tierra, un ecosistema hidrotérmico que pudo albergar vida microbiana durante unos 8 millones de años, mucho más tiempo del que se estimaba previamente.
El estudio, que fue publicado el 9 de junio de 2026 en la revista Communications Earth & Environment tras someterse a revisión por pares, analiza las consecuencias del cráter Chicxulub, una formación de unos 200 kilómetros de diámetro que permanece enterrada bajo sedimentos y agua en la península de Yucatán y el Golfo de México.

Un cráter y un ecosistema único
El choque del asteroide fundió rocas y, al mezclarse con el agua del mar que cubría la región, generó un material poroso en el lecho del cráter. Esta estructura permitió la formación de múltiples bolsas de agua caliente subterránea que constituyeron un hábitat adecuado para microorganismos.
La científica Annemarie Pickersgill y su equipo del Scottish Universities Environmental Research Centre afirman que este sistema hidrotérmico perduró ocho millones de años, el doble de lo que se creía anteriormente. En comparación, investigaciones previas sugerían una duración aproximada de dos millones de años, basándose en modelos informáticos considerados conservadores.

Investigación y evidencias
Los científicos lograron estas conclusiones tras analizar muestras extraídas en 2016 del anillo del cráter. En ellas detectaron un tipo de roca rica en potasio llamada feldespato, que indicaba la existencia de una fuente intensa de calor y la circulación de agua en el subsuelo. Esto confirma la presencia de un sistema hidrotermal activo tras el impacto.
Además, mediante la técnica de datación por argón-argón, determinaron que estas rocas se formaron entre hace 66 y 58 millones de años, estableciendo así la duración aproximada del hábitat.
Un refugio para la vida primitiva y más allá
Este descubrimiento no sólo amplía nuestro conocimiento sobre los efectos geológicos del impacto de Chicxulub, sino que también tiene importantes implicaciones para la comprensión de los orígenes y condiciones de vida en la Tierra y otros planetas.
Pickersgill explica que lugares con agua caliente en circulación suelen albergar vida, y que otros planetas como Marte, que han sufrido numerosos impactos, podrían haber tenido condiciones similares en su pasado. Las formaciones rocosas porosas causadas por impactos pueden generar microambientes protegidos de la radiación y las temperaturas extremas, favoreciendo la supervivencia y desarrollo de microorganismos.
Estos hallazgos podrían guiar futuras exploraciones espaciales para identificar cráteres capaces de haber sostenido vida en otros mundos, aportando una perspectiva valiosa para la astrobiología y la búsqueda de vida extraterrestre.

En resumen, el impacto del asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios tuvo además un efecto benéfico, al propiciar la aparición de un ecosistema subterráneo hidrotermal que posiblemente alojó vida durante millones de años después del evento.