La inteligencia artificial (IA) está revolucionando el mundo laboral, pero ¿están realmente preparados los trabajadores para manejar estas herramientas con la competencia y responsabilidad requeridas? Expertos coinciden en que la respuesta es negativa. Según el análisis de Forrester, la mayoría de empleados carece de los conocimientos fundamentales, habilidades técnicas y criterios éticos indispensables para utilizar con acierto herramientas como Microsoft Copilot o Google Gemini.
En un estudio realizado entre trabajadores del sector informativo en cinco países, la firma detectó que el nivel alto de IAQ, esto es, el cociente de inteligencia artificial, apenas aumentó del 12 % al 16 % entre 2024 y 2025. Los trabajadores de primera línea, que suelen tener menor acceso a formación especializada, probablemente estén aún más rezagados.
J.P. Gownder, vicepresidente y analista principal del equipo Future of Work de Forrester, señala que aunque no existe un estudio específico sobre la IAQ en trabajadores de primera línea, se asume que su competencia es inferior debido a carencias educativas y menor exposición al uso de estas tecnologías. Para él, la facilidad de uso que ofrecen los modelos de lenguaje natural y las interfaces multimodales contribuye a reducir la barrera operativa, pero esta accesibilidad no equivale a una utilización competente.
Gownder advierte que los proveedores a menudo minimizan la dimensión humana en la adopción de IA, que incluye no solo habilidades técnicas sino también motivación, ética y conductas que las empresas deben fomentar para un uso responsable y efectivo. “El camino hacia el éxito no es lineal: la IA puede producir ‘alucinaciones’, generar información coherente pero falsa, infringir normas de privacidad y reforzar decisiones erróneas debido a su tendencia complaciente”, explica.
La eliminación de la barrera del lenguaje natural introduce otro desafío: el juicio crítico. Rose Luckin, profesora y directora ejecutiva de EDUCATE Ventures Research, argumenta que estas herramientas pueden responder a casi cualquier consulta con fluidez, incluso a preguntas inapropiadas o con respuestas equivocadas. “Afirmar que cualquier persona puede usar estas herramientas confunde la capacidad para generar un resultado con la capacidad para generar un resultado fiable”, puntualiza.
Riesgos de un bajo nivel de IA
La falta de competencias en IA puede derivar en un uso inadecuado y errores que exponen a las empresas a riesgos significativos. Holly Chate, directora de operaciones de FutureDotNow, una coalición británica dedicada a cerrar la brecha digital, advierte que usuarios sin formación pueden revelar inadvertidamente datos confidenciales al introducirlos en plataformas abiertas como GPT, haciendo esos datos accesibles públicamente. Además, pueden transmitir información errónea a clientes y prospectos o proporcionar instrucciones equivocadas con excesiva confianza.
Luckin añade que el problema va más allá del error individual: quienes no comprenden la herramienta tienden a delegar su juicio en ella automáticamente, aceptando sus salidas sin cuestionarlas por sentirse incapaces. “Con el tiempo, esto mina las capacidades necesarias para usar la IA de forma segura. La brecha no es sólo de acceso, sino de quién mantiene el control y quién lo cede progresivamente”, indica.
Cuatro habilidades clave que deben dominar los empleados
En la práctica, la integración de la IA en el trabajo puede ampliar la brecha de confianza digital entre los empleados: los más confiados se vuelven más competentes, y los inseguros se quedan atrás. La solución pasa por garantizar una formación adecuada, pero, ¿qué implica exactamente esta preparación?
FutureDotNow ha desarrollado recomendaciones basadas en estudios para integrar las habilidades de IA en el Marco de Habilidades Digitales Esenciales del Departamento de Ciencia, Innovación y Tecnología (DSIT) del Reino Unido. Según esta investigación, existen cuatro competencias fundamentales que todos los trabajadores deberían poseer: alfabetización y comprensión básica de la IA, comunicación efectiva con sistemas de IA, evaluación crítica de sus resultados y uso responsable de estas tecnologías.
Respecto a la comunicación, la formulación de instrucciones (prompting) es fundamental, ya que no es intuitiva para la mayoría. Luckin apunta que “cuanto más estructurado y contextualizado sea el ‘prompt’, mejor será la respuesta generada por el modelo”. Sin embargo, advierte sobre la secuencia adecuada para la formación: “Es un error comenzar enseñando técnicas de creación de ‘prompts’ antes de explicar qué es un modelo de lenguaje grande (LLM) y por qué puede generar información falsa o ‘alucinaciones’.”
La capacidad para evaluar críticamente los resultados de la IA es la habilidad más valiosa en la que invertir. Luckin la divide en tres etapas: primero, comprender que los modelos generan textos plausibles sin necesariamente basarse en hechos; segundo, desarrollar hábitos críticos, como realizar el “test de tambaleo”, que consiste en cuestionar las fuentes, verificar detalles y presionar sobre las afirmaciones para comprobar su solidez; y tercero, contar con un conocimiento profundo del área específica para detectar cuándo algo no encaja. Por ello, la formación debe ser práctica, contextualizada con tareas reales y basada en ejemplos genuinos de errores.
La importancia de una formación continua y bien estructurada
Una encuesta de McKinsey en 2025 reveló que, aunque el 88 % de las organizaciones usa IA, solo el 6 % está obteniendo beneficios significativos. Estudios del Boston Consulting Group (BCG) sugieren que solo el 10 % del éxito depende del algoritmo, mientras que cerca del 70 % se atribuye a las personas y procesos involucrados.
Por tanto, la capacitación es vital, pero debe tener un enfoque iterativo y continuado. Gownder insiste en que la formación debe ir más allá de un simple curso puntual: los empleados necesitan práctica constante y refuerzos regulares para adaptarse a los cambios en la tecnología.
Chate recomienda identificar “campeones digitales” dentro de los equipos — personas que reciban entrenamiento avanzado y puedan guiar y motivar a sus compañeros, un método que ha demostrado ser muy eficaz. También sugiere integrar sesiones cortas de formación en la rutina diaria, como dedicar diez minutos en reuniones semanales para compartir consejos o resolver dudas. “Tener un pequeño apoyo continuo y saber a dónde acudir en caso de dudas resulta fundamental”, concluye.