Un equipo de arqueólogos ha desenterrado en el sitio arqueológico de Castillo de Huarmey, en la costa norte de Perú, los restos óseos y un perro momificado sin pelo que datan de aproximadamente 1.200 años de antigüedad. Este hallazgo ofrece nuevas perspectivas sobre la relación que existía entre los humanos y sus animales de compañía en épocas anteriores al Imperio Inca, especialmente en la región andina.
Los perros sin pelo, caracterizados por su tamaño medio y orejas puntiagudas, aparecen con frecuencia en las representaciones artísticas de cerámicas ancestrales del norte peruano, lo que indica que ya eran una raza distintiva y valorada por las culturas preincaicas locales. De hecho, una variedad contemporánea de estos perros alopecicos es reconocida oficialmente por el American Kennel Club, lo que resalta la importancia cultural y biológica de esta raza indígena a lo largo de los siglos.
Este ejemplar descubierto muestra evidencias claras de domesticarían y un vínculo estrecho con las comunidades humanas que habitaron la región. La conservación de su cuerpo momificado brinda información relevante sobre las prácticas funerarias y religiosas de la época, ya que su presencia en entierros sugiere que estos animales tenían un significado especial para sus dueños, tal vez como compañeros o guardianes espirituales.
La excavación de estos restos se enmarca en un proyecto más amplio enfocado en el estudio de la ecología humana y animal del antiguo Perú, donde se busca entender cómo las sociedades prehispánicas interactuaban con su entorno natural y qué papel desempeñaban los animales en su vida cotidiana, economía y simbolismo. Hasta ahora, estudios genéticos y morfológicos realizados en estos esqueletos contribuyen a determinar las características físicas y la evolución de esta raza canina peculiar.
Los descubrimientos como el de este perro sin pelo permiten revalorar la diversidad biológica precolombina y la continuidad cultural en América Latina, ofreciendo un puente tangible entre las civilizaciones ancestrales y la actualidad. Además, subrayan la importancia de la arqueología para reconstruir historias de convivencia y domesticación que van más allá de los vestigios humanos, dando voz a los animales que compartieron el desarrollo de las primeras sociedades complejas en la región.