Un equipo de geólogos de Virginia Tech ha descubierto que, millones de años antes de la extinción masiva que marcó el final del periodo Triásico hace unos 201 millones de años, los océanos de la Tierra ya sufrían un descenso significativo de oxígeno. Esta lenta pero implacable pérdida de oxígeno habría ido deteriorando gradualmente la vida marina, preparando el escenario para la devastadora catástrofe que acabaría con aproximadamente el 60% de las especies del planeta en aquella época. Sin embargo, los dinosaurios lograron sobrevivir a esta crisis global.
La investigación se ha basado en el análisis de rocas sedimentarias procedentes de Alaska, las cuales mantuvieron registros químicos detallados que permiten trazar la evolución ambiental de los antiguos océanos. Gracias a estos datos, los científicos han podido determinar cómo el oxígeno disuelto en el agua fue disminuyendo paulatinamente a lo largo de millones de años, creando condiciones progresivamente más duras para la vida marina.
Este fenómeno de hipoxia (falta de oxígeno) en los océanos no fue un evento abrupto, sino que se instaló como un proceso lento de deterioro ambiental. Esto contradice la visión tradicional de que la extinción masiva del final del Triásico fuese causada por un único y rápido suceso, sugiriendo en cambio que existió un largo periodo previo de estrés ecológico.
La pérdida de oxígeno en el agua afecta directamente a la fauna marina, especialmente a organismos con altas demandas metabólicas como los peces y ciertos invertebrados. A medida que las condiciones se vuelven menos favorables, la biodiversidad se reduce y los ecosistemas se vuelven más vulnerables a impactos adicionales.
Este estudio no solo aporta luz sobre el pasado remoto de la Tierra, sino que también tiene una importante relevancia actual. Hoy en día, los océanos están experimentando una reducción notable del oxígeno debido a cambios climáticos provocados por la actividad humana, lo que puede desencadenar problemas similares a los que precedieron a extinciones masivas en nuestra historia planetaria. Comprender estos procesos antiguos puede ayudar a mejorar la predicción y mitigación de las crisis ecológicas que enfrentan nuestros océanos en la actualidad.