Meteorito excepcional revela la existencia de un antiguo planeta gigante

Un meteorito poco común estudiado por científicos de la Universidad de Colorado sugiere que proviene de un enorme planeta temprano que se fragmentó hace miles de millones de años, ofreciendo nuevas pistas sobre la formación caótica de nuestro sistema solar.

Los fragmentos y restos rocosos que surcan nuestro sistema solar y ocasionalmente impactan en la Tierra como meteoros, a veces son lo suficientemente grandes para sobrevivir al paso por la atmósfera y llegar a la superficie. La mayoría de los meteoritos que se han analizado provienen de tres fuentes principales: asteroides, la Luna y Marte. Sin embargo, existen algunos meteoritos muy raros que no encajan en estas categorías conocidas. El pasado 1 de junio de 2026, un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder anunció que el meteorito conocido como NWA 12774 probablemente procede de un planeta masivo temprano que se destruyó en una gigantesca colisión hace miles de millones de años.

La prestigiosa revista científica Earth and Planetary Science Letters publicará el 1 de julio de 2026 el estudio revisado por pares que detalla estos hallazgos, aportando evidencia de la existencia de un cuerpo planetario que anteriormente no había sido identificado en los registros actuales de meteoritos.

Un sistema solar primigenio marcado por el caos

Hace aproximadamente 4.500 millones de años, nuestro sistema solar se formó a partir de una nube densa de gas y polvo. Este proceso fue extremadamente violento y desordenado, con constantes choques entre cuerpos que se fusionaban o fragmentaban. El meteorito NWA 12774 lleva en su interior restos de uno de estos mundos en formación que existió simultáneamente con la Tierra y otros planetas.

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Según explican los científicos, el mundo originario de este fragmento pudo haber tenido un tamaño comparable al de la Luna o Marte antes de romperse por un impacto catastrófico. Este fragmento acabó llegando a la Tierra y fue encontrado en el desierto del Sahara, en el noroeste de África.

Aaron Bell, investigador principal de la Universidad de Colorado y autor del estudio, afirmó: «Es fascinante pensar que existió un planeta de este tamaño. Solo sabemos de su existencia porque unos pocos fragmentos cayeron en la Tierra. Estos meteoritos nos ofrecen una perspectiva totalmente nueva de cómo se formaron algunos de los primeros planetas».

Un meteorito muy raro: la clase angrita

NWA 12774 pertenece a una clase extremadamente rara de meteoritos denominados angritas. Aunque se han descubierto más de 80.000 meteoritos en nuestro planeta, apenas 68 han sido clasificados como angritas. A diferencia de los meteoritos típicos procedentes de asteroides, la Luna o Marte, las angritas tienen una composición química singular.

Un dato relevante es la escasez de dióxido de silicio (silica), que es un componente muy común en minerales terrestres y en planetas conocidos, pero poco presente en las angritas. Por ello, hasta ahora la mayoría de los científicos pensaban que estas rocas tenían su origen en un asteroide, debido a su composición atípica.

Formación a alta presión en un cuerpo planetario grande

Al analizar con detalle el NWA 12774, los investigadores hallaron un mineral llamado clinopiroxeno, con una concentración inusualmente alta de aluminio. Este hallazgo indica que el meteorito se formó inicialmente bajo una presión extraordinaria, en las profundidades de un cuerpo planetario.

Para ponerlo en contexto, producir clinopiroxeno rico en aluminio requiere una presión superior a 17,5 kilobares, un valor muy superior a la presión máxima existente en el punto más profundo del océano —la Fosa de las Marianas— que alcanza solo 1 kilobar. Esto implica que el meteorito se originó en un objeto mucho mayor que un asteroide típico, estimado en al menos 2.000 kilómetros de diámetro, cerca del tamaño de la Luna o Marte.

¿Un planeta aún mayor? Evidencias desde los cristales

No obstante, un análisis más minucioso mostró que los cristales presentes en el meteorito tenían bordes muy definidos y delicadas estructuras químicas que difícilmente podrían haberse mantenido si el fragmento se hubiera formado a gran profundidad bajo alta presión. Esto sugiere que, aunque el origen fue en un ambiente sometido a alta presión, el meteorito probablemente se formó a una profundidad relativamente superficial dentro de un cuerpo incluso más grande.

Los científicos estiman que el planeta progenitor podría haber tenido entre 3.600 y 6.600 kilómetros de diámetro, un tamaño comparable o incluso mayor que Marte.

Según Bell, «existen numerosos meteoritos almacenados en colecciones que aún no han sido estudiados en profundidad, lo que sugiere que podrían existir más restos de estos protoplanetas perdidos que aún no conocemos».

Vista de rayos X del meteorito NWA 12774 mostrando cristales de bordes agudos en tonos naranjas sobre un fondo púrpura profundo.
Imagen de rayos X del meteorito NWA 12774, donde se observan los cristales de bordes afilados. Fotografía cortesía de Aaron Bell/ Universidad de Colorado Boulder.

En definitiva, este meteorito excepcional no solo identifica la existencia de un antiguo protoplaneta que fue aniquilado durante las turbulentas etapas iniciales del sistema solar, sino que también abre la puerta a la posibilidad de descubrir otros cuerpos planetarios perdidos. Así, seguimos poniendo juntos las piezas del complejo puzzle cósmico que dio forma a nuestro vecindario espacial hace miles de millones de años.

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