Taburete de madera contrachapada con cuerdas para sujetar libros, revistas y material de oficina

El taburete Strings, diseñado por Yuna Yamashiro en Okinawa, combina funcionalidad y tradición al integrar cuerdas que permiten almacenar libros y objetos mientras se mantiene su diseño minimalista y cómodo. Ganador del A’ Design Award, este mueble responde a la vida cotidiana y a la cultura local con ingenio y elegancia.

Los taburetes suelen acabar desempeñando funciones más allá de las que fueron diseñados originalmente: soporte para el teléfono, tendedero improvisado o mesita temporal para la taza de té a medio beber. Este caos cotidiano es transversal al uso del mobiliario, lo que llevó a la diseñadora Yuna Yamashiro a crear un taburete pensado para albergar el desorden de la vida diaria de manera natural y estética, inspirándose en la cultura de Okinawa, donde los objetos son considerados participantes activos en la vida, no simples accesorios.

El taburete llamado Strings recibió el premio A’ Design Award en la categoría de diseño de mobiliario, algo que se entiende nada más verlo. Dispone de cuerdas azules que recorren en paralelo ranuras talladas en la superficie de una pieza de madera contrachapada moldeada. Estas cuerdas permanecen tensas, recordando a las cuerdas del sanshin, el instrumento tradicional de tres cuerdas de Okinawa. Este mecanismo permite deslizar libros, cuadernos o revistas entre las cuerdas, que los sujetan firmemente sin perder su función principal: ser asiento.

La relación con el sanshin no es casual. Este instrumento está tan integrado en la vida cotidiana de Okinawa que más allá de ser una pieza cultural, es considerado casi como un mueble más, que se recoge, apoya y convive en el hogar. Yamashiro trasladó esa idea al taburete Strings, un objeto que no llama la atención por su diseño, sino que se integra en el espacio esperando ser útil. Esta doble dimensión —traducción cultural y funcionalidad práctica— fue justamente reconocida por el jurado del premio.

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Fabricar el taburete implicó un proceso complejo: Yamashiro diseñó un molde para presionar y curvar múltiples capas de madera contrachapada formando una única pieza con un arco continuo que parte de una pata, sube por el asiento y desciende por la otra pata. Controlar que la madera mantuviese forma y adherencia sin deformarse supuso un trabajo meticuloso, evidenciado en la pulcritud del acabado y en las láminas visibles en los bordes que aportan un carácter gráfico complementario a la textura de las cuerdas.

Con unas dimensiones de 500 mm de ancho, 300 mm de profundidad y 450 mm de altura, el taburete ocupa espacio sin dominar la estancia. Las patas se abren en forma trapezoidal, lo que a la vez mejora la comodidad para sentarse y permite que las piezas se aniden y apilen fácilmente, un detalle práctico que la diseñadora tuvo en cuenta desde el inicio y que suele dejarse para el final en otros proyectos.

En cierto modo, el diseño remite a sistemas previos como el GRID-IT de Cocoon, que utiliza cuerdas elásticas tensadas en paneles para sujetar objetos. Yamashiro eleva esta idea a escala de mobiliario, fijando las cuerdas con anillas anudadas visibles y permitiendo que sean intercambiables. Así, se pueden cambiar los colores o sustituir las cuerdas gastadas sin tener que reemplazar el taburete entero, una solución inteligente que refleja una visión de diseño orientada al uso prolongado y la experiencia del propietario.

Un detalle a considerar es que las cuerdas que cruzan el asiento pueden resultar incómodas tras varios minutos sin un cojín de apoyo. Para mejorar esta sensación, el taburete incluye una apertura central en el asiento, aunque para un uso prolongado se recomienda complementar con un cojín fino. Esta pequeña limitación no empaña el conjunto, que constituye un debut destacado, capaz de fusionar tradición, forma y funcionalidad.

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