Un hallazgo de 60.000 años en Sudáfrica arroja luz sobre las prácticas simbólicas de los primeros humanos

En Sudáfrica, un pigmento de ocre con restos de proteína de antílope, datado en 60.000 años, revela nuevas pistas sobre las habilidades técnicas y posibles rituales simbólicos de nuestros ancestros.

En un yacimiento de Sudáfrica, los científicos han descubierto una superficie rica en ocre, un pigmento natural que data de hace 60.000 años y que contiene restos proteicos de antílope. Este hallazgo es excepcional, ya que el ADN antiguo suele degradarse con el paso del tiempo, pero en esta ocasión se ha preservado una proteína que ofrece una ventana única para entender las prácticas culturales y técnicas de los primeros humanos en la región.

El ocre, con un alto contenido de hierro, ha sido utilizado tradicionalmente para la fabricación de pinturas y diversos usos simbólicos en muchas culturas humanas a lo largo de los siglos. En esta investigación, detectar proteínas vegetales y animales asociadas a este pigmento sugiere que aquellos primeros humanos no sólo manejaban estos minerales para decorar o pintar, sino que podrían haber empleado técnicas complejas y realizadas con un propósito cultural o ritual.

Los expertos creen que esta implicación va más allá de la simple estética, apuntando a una capacidad avanzada de pensamiento simbólico y comunicación a través de la transmisión de significados, ideas o creencias mediante el uso del ocre. Este descubrimiento contribuye a comprender mejor cómo nuestros antepasados utilizaron recursos naturales para expresarse, relacionarse socialmente y posiblemente representar su identidad o cosmovisión.

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El yacimiento contiene restos que evidencian una mezcla intencionada del ocre con partículas de proteínas de animales como el antílope, lo que requería habilidades técnicas para recolectar, procesar y aplicar estos materiales. Además, el contexto arqueológico sugiere que estas prácticas podrían estar vinculadas a rituales o símbolos de pertenencia grupal, marcadores de estatus o incluso formas tempranas de arte.

Esta prueba química y proteómica logra superar barreras del tiempo y el deterioro, ofreciendo una herramienta innovadora para analizar restos arqueológicos donde el ADN no está disponible. Así, se abre una nueva perspectiva para estudiar la complejidad cultural de nuestros ancestros más remotos, indicando que hace 60.000 años ya poseían capacidades cognitivas y sociales avanzadas.

En suma, la conservación de proteínas en pigmentos ocre en un sitio sudafricano constituye un indicio valioso para entender el desarrollo del comportamiento simbólico humano, revelando que estos primeros grupos humanos manejaban no sólo la materia prima, sino también su significado cultural, sentando las bases de la comunicación simbólica y el arte.

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